"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

martes, 5 de mayo de 2009

COSIENDO HISTORIAS

Heredò una vieja máquina de coser con la que
intentó remendar su corazón desgarrado.

Dicen los que la conocieron que lo consiguió.

Luego colgó un cartel en su puerta:


“SE HACEN ARREGLOS”

Abuela Carmen me lo decía casi siempre, “Esto será lo único que tú heredarás de mí el día que..., agregando luego otras palabras que no me gustaba escuchar.
Ella era la modista del barrio. Debajo de aquella magnolia que perfumó días de mi infancia yo estudiaba cada uno de los mecánicos movimientos de aquella máquina. El “tric-trac-tric-trac” del pedaleo, los acompasados balanceos de los pies de abuela, el círculo de la negra polea encajada en aquella rueda que con sus giros permitía que el hilo fuera desenrollándose de su carretel y que la aguja subíera y bajara dando pequeños mordiscos al tejido.
A abuela le costaba enhebrar la aguja y todavía recuerdo el sonido de su voz cuando empezaba a quejarse de su decadencia, “¡Hay mis ojos que ya no ven cómo antes ¡” .
Esas palabras eran para mí la invitación a participar de la magia que ella y su máquina Singer creaban por las tardes, bajo la sombra de la magnolia. Era una agradable tarea, casi un desafiante juego, poder introducir el hilo en el diminuto ojo de la aguja. Y mientras ella cosía, yo abría el pequeño cajón de la derecha, y allí estaban colocados en riguroso orden los carreteles de hilos de una gama maravillosa de colores y las tijeras alineadas de mayor a menor y una cajita pequeña de cartón en donde guardaba las tizas planas y cuadradas de un suave tono gris. Con ellas dibujaba las pinzas que entallaban las prendas, el largo justo del dobladillo, la forma de las solapas, el ancho del canesú y las sisas que encajaban perfectamente luego con la manga. En otro cajón, debajo del primero, guardaba sus dedales y cintas métricas, amarillas y gastadas, con las que yo aprovechaba para medir los progresos de mi altura. Y trabillas, alfileres, almohadillas con agujas pinchadas en su barriga para no extraviarse y botones, infinidad de botones multicolores de distintos tamaños que me entretenía en ordenarlos.
¡Cuántas tardes de mi infancia estaban también encajadas entre los engranajes de aquella máquina! Mi curiosidad despertaba al asombro cuando veía como cada puntada se enlazaba con la que le precedia y esta a su vez se encadenaba con la siguiente y las diferentes piezas quedaban perfectamente unidas. Y al final veía la culminación de aquel trabajo, una primorosa creación hecha sólo con retales, con los mecanismos de su máquina y las hacendosas y curtidas manos de abuela. Luego aquella obra quedaba colgada en una percha, lista para el planchado. Entonces abuela cerraba su máquina, al final de la jornada. Recuerdo mi primer dizfraz de mariposa para la fiesta de la escuela, el vestido de mi comunión adornado de alforzas y puntillas, la blusa de plumettí con una transparencia que me hacía reticente a su uso por puros prejuicios de mostrar mis incipientes brotes femeninos.
Aquella curiosidad fue agregando nuevas palabras a mi vocabulario. En el diccionario que papá me había regalado para un cumpleaños buscaba sus definiciones. Y descubrí que esos vocablos, zurcir, sulfilar, hilvanar, remendar, remallar, tenían algo común en su significado, unir, corregir, arreglar...
¡Era ése su objetivo desde siempre, desde que la vida le puso la primera zancadilla y el dolor de una traición le dejó el corazón malherido ¡ Aún así, casi desde lo imposible fue dando puntadas, una tras otra, como su máquina, para encadenar un día con el siguiente en el esfuerzo por conseguir que su vida y la de aquellos que formaban su mundo jamás se deshilvanaran.
Ahora la dueña de la máquina ya se ha ido y con ella también un trozo de mi infancia cosido bajo la sombra de aquella magnolia. Pero me ha dejado para siempre su ternura entre los engranajes de su máquina de coser “Singer” y la aguja enhebrada para que ahora sea yo quien siga creando puntadas que encadenen ilusiones.
Si, yo he heredado su vieja máquina, tal como me lo había prometido. Lo primero que he intentado remendar ha sido un corazon desgarrado. Como lo hiciera abuela Carmen. Espero haber puesto un buen hilo para que la costura no vuelva a abrirse, ... luego pensaré si cuelgo también, al igual que ella, el cartel de “SE HACEN ARREGLOS” .

Imagen: Google

jueves, 30 de abril de 2009

A MÍ, ¡ QUÉ ME LO EXPLIQUEN !

Vaya día que tengo hoy, ni pa' arró me llega. Y to'er mundo con la misma cantinela, ¡Hay hijo! (como si con lo de hijo me calmaran el hambre ) ¡tú no sabes lo mal que está todo con esto de la crisis!. Y yo, que la veo pasar, señora tan apuesta, tan elegante y con esa botas que cuestan un pastón, sigo sin entendé esto 'e la crisi y digo yo cómo me voy a enterá de estas cosas si estoy to'er día metío en este túnel. Y hartito de no entendé na' de na', hoy me propongo sé una persona informa'a y venga que empiezo ya : -Señoras y señores, a ver si alguie me pudiera explicá que e' eso de la crisi, que estoy desinformao, y que to's hablan d'ella y entonce mi pobre cajoncito sigue vacío. Y uno que e' alegre, por esto de la raza voy y abrazo a mi guitarra y le canto a to'o cristo -”Esperanza, Esperanza, solo quiero bailá cha, cha, cha ,...-y ellos que pasan, ni miran, van como piraos y no hay ni un ar'ma que me lo quiera aclará.

Es que claro, yo no tengo dicionario ¡Qué cómo pa' dicionario estoy! ¡y a mi que lo de la crisi sigue sin llegarme! Que esa palabrita se la escuchaba a mi vieja, cuando pobrecita de ella, me decía -¡Hay mi Juanito que malita estoy con esta crisi de asma! - Pero aquí nadie está con el asma. Vamo que como iba diciendo, sigo sin tené ni pa' el arró.

Salí del túnel y fui a un colmao del barrio, d'eso que no tienen casi na', y lo poco que hay no tiene ni marca y alli encontré un rollo de papel higiénico que m'andaba faltando. -Oigame don Angel que ando con lo justo. Ya sabe con esto de la crisi- dije - ¡y sonaba bien la palabrita!. Y como no había nadie que pidiera la tanda yo me lancé con que sí me podía da' un paquete de arró, de los pequeñito, como pa' hervirlo y ponerle aceite y na' más, sin sal, que encima dicen que hace daño. Y el don viene y me dice que no, que si apena le entra algún cliente, que no sabe como va a pagá el alquilé este mes y que encima tiene a su mujé en el hospital. Vaya, pensé, a buen monte voy por leña y salí sin el paquete. El papel higiénico si que lo llevo...ya me dirán.


Y aquí estoy otra vez en el andén. Pongo mi manta en el suelo, el cajoncito pa' juntá la pasta y espero. -A ver señora, que estoy aquí desde las nueve de la mañana y que estoy hartito de lo de la crisi -
Y la buena señora que me mira, se acerca y yo que pienso, ¡al meno pa' el arró!, y ella que va y me suelta , -Niño, que mira, que ten esperanza, que acabo de escuchar que lo de la crisis ya ha pasado, y que vamos a mejor, que ahora sólo tenemos deflación, vamos, creo que se dice así ¡Ya lo decía yo que esto duraría poco! ¡Adiós guapo! - y no me deja ni veinte céntimos.


Y yo que sigo …”Esperanza , esperanza, sólo quiero bailá cha, cha, cha.”

Son las ocho de la tarde y na' de na' en el cajoncito, pero seguro que si voy ahora hasta el colmao de don Angel, me podrá da' el paquete de arró, vamo digo yo, puede que hasta tenga ilusió hoy. Que ahora con la deflació, la crisi s'ha mejora`o, que lo ha dicho la señora. Vaya que un día d´esto a lo mejó me puedo comprá un dicionario. ¡Cómo me molesta tené que preguntá a la gente lo que significan algunas palabras!. Pero de verdá que lo hago sin molestá, si al final aquí casi to'os llevan libros, y entonce uno piensa, que inteligente que son, cúanto debe de sabé esta gente. Bueno, uste`es me perdonen, voy a ve' si ahora consigo el arró, al meno hoy he tenido una noticia pa' la esperanza, según la buena señora. Que ahora estamo muyo mejó con esto de la deflació y que hay que tené ilusió. Jodé, que ahora, puede que pronto tenga mi chabolita y entonce ...dejaré de dormí en el metro.
“Esperanza , esperanza, sólo quiero bailá cha, cha, cha..."


De mi serie de relatos "Luces en el Metro"
RAE:definición
Crisis.
(Del lat. crisis, y este del gr. κρίσις).
6. f. Escasez, carestía.
7. f. Situación dificultosa o complicada
Deflación.
(Del fr. déflation, y este del ingl. deflation).
1. f. Econ. Descenso del nivel de precios debido, generalmente, a una fase de depresión económica o a otras causas.

martes, 28 de abril de 2009

AVISO CLASIFICADO

EXTRAVÍO
SE BUSCA UNA SONRISA
PERDIDA EN EL OSCURO
TRAYECTO
EN EL QUE LA FELICIDAD DESAPARECE
Y, DE REPENTE,
COMIENZA LA
TRISTEZA.
ALLÍ EN DONDE LA LUZ ROJA
DEL
DESTINO
DETIENE LA
ESPERANZA
Y APARECE EL RECORRIDO VERTICAL
DE UNA
LÁGRIMA.


Nota:
Cualquier información comunicarla a este blog. Se necesita urgente para quitar el cartel de ”Cerrado por falta de alegría”



viernes, 24 de abril de 2009

ELOCUENCIA DEL SILENCIO


Signs
Cargado por SignsThe

LA GRAN CIUDAD,

LA SOLEDAD, EL YO SIN NADIE, LA MUDEZ .

Y SIN EMBARGO, LA ILUSIÓN ASOMA ... DESPACIO.

EN CUALQUIER MOMENTO, EN CUALQUIER LUGAR, EN SILENCIO, AL AZAR... APARECE ALGUIEN.

ENTONCES SOMOS sólo DOS.

solos EN UNA GRAN CIUDAD.

martes, 21 de abril de 2009

PIANTAOS


-Che, escucháme ¿sabés como se viaja hacia Ningún Lugar?-dijo justo cuando yo pasaba a su lado. Le mire sorprendida.
-¿A mi me lo preguntas?, yo no te conozco- le contesté.
-Y eso que me importa, sólo quería saber si sabés como se puede viajar hacia Ningún Lugar- y sonrió
No dije nada, me inquietó aquella pregunta.
-¿ Me imagino, entonces, que tampoco sabrás que se puede venir de Ninguna parte? -prosiguió. Nunca me lo había planteado...ya era suficiente con saber que mi vida no tenía ayeres ni mañanas.
Estuve a punto de dejarlo que siguiera con su discurso incongruente, pero aquella imagen de niño bueno, solitario y perdido en una gran urbe me fué atrapando.
Sentado en el suelo de aquellos pasillos de la estación del Metro, melena desordenada con enredos de apatías y soledades, mirada tierna, suficientemente tierna como para desconfiar de la ternura y una boca de sonrisa despertando desde la angustia. Y a su lado su maleta. Una maleta con pegatinas de "¡Viva Boca! ", de Mafalda, un corazón pintado y en el centro una palabra que no alcancé a entender. Tenía un halo de genio despistado.
-Vení, sentate- me dijo mientras extendía su chaqueta, con carencia de armarios, en el suelo.
-Ya lo sé, los argentinos somos muy verseros, pero es pura fama ¿sabés?
Mientra abría la maleta me miraba. Y yo a él, pero con recelo.
Sacó un instrumento y me preguntó - ¿lo conocés?
-No- dije, pero él ya no me escuchaba.
Luego me enteraría que se llamaba bandoneón. Sus largos y finos dedos apretaron unas teclas rojas y el instrumento se desplegó zigzagueante mientras el sonido de un tango empezaba a sonar.
Yo me quité mi sombrero rojo..., por respeto. Me senté sobre su chaqueta arrugada. En el andén volaban mariposas asombradas mientras el decía,
-Escucháme muñequita, yo sólo soy un caminante sin destino y de tiempos desmedidos pero tengo el honor de invitarte, sin ningún compromiso y si vos querés, a que disfrutés conmigo del placer de viajar hacia Ningún lugar. No te hacen falta pasajes, sólo necesitás tu sonrisa y la imaginación para este recorrido.¿Te atrevés?.
Y me atreví. En el viaje me llevo a un lugar mágico, sin nombres, sin calles, sin identidades, sin leyes, sin tabúes ni engaños, con soledades compartidas, con vuelos de alas invisibles, con roces sin mentiras, con libertades. Y en aquel pasillo del Metro una melodía y su voz me trasladaron al lugar donde viven felices los que no son de Ninguna parte pero han aprendido a viajar hacia Ningun Lugar.
Y así, diciendo... "El loco me convida a andar en su ilusión super-sport /y vamos a correr por las cornisas /¡con una golondrina en el motor!/...
..."Quereme así, piantao, piantao, piantao /...trepate a esta ternura de loco que hay en mí /ponete esta peluca de alondra y volá, / volá conmigo ya: vení, volá, vení...

Han pasado algunos años de aquel encuentro. Ahora somos dos pasajeros en un mismo viaje.
Yo aprendí a cantar el estribillo de la canción.
“¡Viva! ¡Viva! ¡Viva! / ¡Loco él y loca yo...! / ¡Locos! ¡Locos! ¡Locos! / ¡Loco él y loca yo”
Y al final siempe saludo con mi sombrero rojo. Y las mariposas cuando se cansan duermen en mi viejo bolso. Ahora entiendo la palabra que aun sigue escrita en la maleta.”Piantaos”


De mi serie de relatos "Luces en el metro". Recordando a aquellos que sienten que “su felicidad y su capacidad para el asombro no dependen de la razón” - y a Astor Piazzolla y Horacio Ferrer por su Balada para un loco.
Imagen:Fernando Narciso Lopez-(google)

jueves, 16 de abril de 2009

LA LLUVIA Y EL ESCRITOR

Llueve. Día tras día llueve...y ha comenzado a molestarme. Mis pelos mojados, cambiar de zapatos para entrar a casa, la gabardina empapada, comprar otro paraguas por que el anterior lo perdí en el autobús, quitar la ropa del tendedero, el fastidio de sacar al perro ¡qué hay que ver cómo se pone !y luego secarlo, porque mamá no perdona y tengo que escuchar su cantinela - ¡Nena, pásale el secador que me estropea el parket!
- ¡Puff, que agobio con esta lluvia!- pienso, mientras me quito la ropa mojada.
Luego para serenarme, busco un libro de mi biblioteca.
¿Y porqué no volver a leerlo a Él en un día de lluvia?-me pregunto con la convicción de que lo necesito. Y busco aquél libro de tapas marrones y letras doradas con su nombre, lo cojo, lo hojeo. Lo acaricio.
Dentro una rosa seca, un billete de autobús con una fecha y un nombre. El de aquel amigo que me esperaba en la puerta del colegio cuando estaba acabando el bachillerato. Y recuerdo sus ojos, su sonrisa y aquel inocente beso despertando desde la adolescencia y yo allí ilusionada, impaciente, con el corazón galopante, con roces de manos, ingenuos roces pero con los primeros avisos que da el amor.
Yo de blanca e impecable bata almidonada por las manos de mi madre, su plancha de carbón y sus horas de paciencia, y la luz de una lámpara de gas que alumbraba mis horas de estudio. Creo ver la figura de papá cansado en su sillón preferido, con muchas horas de trabajo, persistiendo en su compromiso de que al fin tuvieramos la luz eléctrica.
Recuerdo cuando lo leí por primera vez. Empezaba a descubrir la vida desde la responsabilidad, desde el compromiso, consciente que no era una mera espectadora. Y supe, desde entonces, que la vida es como las gotas de lluvia que caen por el cristal, con recorridos zigzagueantes, pero maravillosa para vivirla.
Hoy he vuelto a leerlo.
Ahora miro la lluvia desde la ventana de mi despacho y me divierte la gota que se desplaza despacio, muy despacio y se une a la que le antecede y se transforma en una sola gota mientras, otras, van trazando distintos caminos y se deslizan dibujando guirnaldas en el cristal.
¡Si al final, siempre lo digo, mira que es bonita la lluvia!
Y a usted, señor Cortazar, ¡un placer volver a leerlo!.

domingo, 12 de abril de 2009

SU "ALMA"

Alma, así fue como me llamó desde el día que nos conocimos. Desde que supo que ya no podía prescindir de mí, desde que nuestras sombras serían por siempre sombras paralelas, geometria de dos vidas enlazadas por la inevitable dependencia impuesta por aquello que el destino escribe en nuestra historia sin consultarnos siquiera. Yo sería su Alma, para siempre.

Estación de Sants-Linea 5.
Subimos al metro. Él confia en mí. Estoy atenta a todos sus movimientos, también percibo sus emociones. No hacen falta palabras, ni órdenes. Él es consciente de mi fidelidad. Cada movimiento suyo crea una respuesta en mi comportamiento.

Estación Verdaguer.
Sube esa mujer. La que se sienta siempre en el primer asiento, apenas atraviesa la puerta. Él la presiente. La fragancia de su perfume, aroma a lavanda, a frescura de cuerpo apenas amanecido, a cabellos aún húmedos, traspasa sus sentidos. Yo trato de acomodarme, si es posible, a su vera. En el pasillo. Él aspira el perfume desde su distancia e imagina su belleza. Basta un suave gemido mio para que él tenga la sensación de la caricia. Yo miro sus manos, inquietas y abiertas. Como queriendo rozar aquella piel. Y su mirada adivina, desde el límite que la vida le puso al asombro, el color de aquellos ojos, de su pelo y de sus labios. Y yo alli a su lado, inseparable sombra de su sombra.

Estación Sagrada Familia.
Al final de nuestro trayecto, sin palabras, sin sonidos, sin adioses ni proyectos de otros días bajamos del metro. Él, cogido a su “tac, tac, tac”como irónicamente llama al bastón en el que se apoya, a “su Alma” , y con su oscura soledad, camina sin prisas. Aun huele a lavanda la mañana.
Aún huele a ella. Y él la percibe.
¿Alma, dime, es tan bella? ¿Es ella cómo yo la veo? - pregunta. Sus manos sienten entonces el frío roce de mi hocico y mi pata sobre sus piernas como respuesta. Él acaricia mi lomo y somos cómplices en el silencio.

Este relato forma parte de una serie titulada " Luces en el metro" que iré publicando.
Imagen: Google