Su sombra apareció por el pasillo. Creí verlo caminando por un túnel en el que el sonido de sus pasos, me parecía, iban en dirección contraria. Se alejaba. Miré el reloj que colgaba de la pared y tuve la sensación de que las agujas giraban al revés, desandaban el tiempo. Todo retrocedía. Y me vi, como en un espejo, siendo otra, siendo la que había sido. La que hubiera querido ser. Siempre. Él estaba allí, yo lo veía frente a mí. Pensaba...
[ si te hubieras dado cuenta de que había empezado a no extrañar el beso que me dabas cada mañana cuando me marchaba al trabajo ni echaba de menos tu cara asomada en la ventana presintiendo mi regreso que me iba olvidando de tu mano acomodándome el mechón de pelo que caía sobre mi frente que ya no me detenía en tus olores ay tus olores sabes me resulta increíble el que no recuerde la fragancia de tu perfume mira que me gustaba olerte no sé si aún lo usas pero yo ya no lo percibo si hasta se me fue borrando el color de tus ojos la manera en que me mirabas el tacto de tus dedos recorriendo todos y cada uno de los poros de mi piel no quiero que te sientas culpable sé que tú no te dabas cuenta claro que no porque tus ojos se fueron programando para descubrir una mancha de grasa una cortina desplanchada el programa adecuado de la lavadora las arrugas de la sábana qué pena mira que me gustaba ver la cama deshecha y sentir el olor de una noche y el mantel con restos de miga con copas vacías con restos de nuestras cenas y tu ropa desparramada por el suelo y tu cuerpo relajado entregado y escucharte serena regalándonos tiempo pero no tú no te dabas cuenta y tu tiempo fue restando segundos a nuestras entregas a las caricias a los placeres a nuestro tiempo sí entiéndeme al que nos pertenecía porque nos lo habíamos prometido y tú lo fuiste convirtiendo en un reloj detenido en obligaciones y nos fuimos asfixiando en este destiempo de indiferencias de distancias sin embargo créeme por nuestros hijos te lo juro yo seguiré recordando toda mi vida a esa mujer a la que quise mucho a esa mujer que ya no reconozco y que ahora que la miro y y le confieso que por ella hoy no siento nada casi es un deber agradecérselo porque esta confesión que es dolorosa muy dolorosa me cuesta mucho menos decírselo a una mujer desconocida ]
... y me miraba a los ojos. Con una serena manera de hipnotizar mi confusión. Quise huir, abandonar todo lo que pudiera asomarme a su imagen y a la mía juntos, huir del ahora, del mañana, huir de los días venideros, huir del resto de mi vida, pero esa mirada suya me había paralizado y allí en esa inmovilidad se fue silenciando aquel eco de una voz que traspasaba el túnel por donde yo lo vi caminar con los pasos invertidos. En el espejo de la habitación se reflejaba el asombro en sus ojos y el antepréterito de un tiempo traspasando los cristales. También la imagen de la mujer que él quería.




