"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

domingo, 14 de octubre de 2012

MEDIODÍA

Imagen: Mediodía, de Jorge Galeano 


 Supe de la belleza 
en los silencios 
de aquellos mediodías
cuando el sol se insinuaba entre los álamos
y su tibieza
acariciaba el descanso de las sombras,
cuando se detenían los vuelos
y había quietud de alas y de cantos
y enmudecía el paisaje,
cuando se acurrucaba la pereza
de mi gata sobre la hierba fresca
y una brisa azul
acunaba el desvelo de las nubes
adormeciendo el instante,
supe de la belleza 
cuando el fulgor de mi cuerpo
en esa hora inocente
fue un hemisferio junto al tuyo
y fuimos pulsión y savia
y eternidad en la mitad del día

lunes, 8 de octubre de 2012

ACERCA DE "EL PORVENIR ES UNA ILUSIÓN"


Cuando se comienza a leer una novela uno es, en ese punto inicial, un equilibrista que atravesará ese hilo conductor que media entre las palabras que nacen de su autor y esa especial curiosidad como lector. Uno es, al principio de la lectura, sólo un mero y ansioso espectador de esa obra que  empieza a desentrañarse. Pero si  luego la narración nos atrapa y llegamos a sentir que sus personajes  nos estremecen y hay lugares comunes, reales o utópicos, donde nos reconocemos y sufrimos, soñamos, luchamos, amamos, reímos o  lloramos es, entonces, cuando el alma del lector se enraiza con el alma del autor.

Es lo que he sentido al leer la novela "El porvenir es una ilusión " de Horacio Bautista Beascochea a quien debo agradecer su generosidad al hacérmela llegar y tener así el placer de disfrutarla (otra de las cosas positivas de esta virtualidad que hace que casi nos rocemos a pesar de las distancias).
La novela, excelentemente escrita, nos presenta a los personajes en una época de desconciertos en Argentina en la que luchar por los ideales además de poner en peligro la vida arrastraba consigo también la estigmatización por un entorno que, por miedo o por indiferencia, señalaba a los que se comprometían en la tarea por conseguir una sociedad más digna como terroristas. "Algo habrán hecho " solía decirse  cuando alguien caía en las despiadadas garras de los que luego se ocuparían de hacerlo desaparecer "por el bien de la patria". Un lema que intentaba calar hondo en el sentimiento patriótico de un pueblo sometido y tan hábilmente manipulado por las dictaduras.
En ese entorno, el único camino que quedaba por recorrer era la ocultación de las ideas hasta en los círculos más cercanos. Convertirse en sombra y enfrentarse a los desafíos.  

En "El porvenir es una ilusión" se hace palpable ese camino entre la militancia y el oscuro camino de la lucha, en donde nacen relaciones jamás imaginadas, imprevisibles actos solidarios, encuentros entrañables que hacen que esa marcha entre el miedo y la responsabilidad por la lucha en favor de los derechos y libertades de un pueblo se dignifique.

Hay en la novela de Horacio escenas bellísimas, estremecedoras  metáforas del caos de una sociedad en la que el poder atenaza la libertad y sin embargo todo sigue transcurriendo dentro de una normalidad tenebrosamente anormal. De un tiempo en el que hasta las raíces de las hierbas en la pampa se negaban a renacer por el terror impuesto y sin embargo las calandrias se aferraban a las ramas secas y con su canto despertaban esperanzas.
Esa metáfora está hermosamente definida cuando el autor describe una fiesta circense en el pueblo al que acuden Martín Morales “El Negro”, el militante montonero prófugo, y el comisario. Allí y durante la  actuación de unos enanos malabaristas se mezclan, en el reducido espacio de una plaza, la alegría, el asombro, los estruendos, el suspenso, los temores y el recelo asomándose cauteloso entre los presentes. La vida y sus malabarismos. 
La ironía de unos sentimientos y unas relaciones contradictorias que surgen cuando la incertidumbre sobrepasa  los límites del ser humano.
Hay  sobre todo en las palabras de Horacio silencios que desgarran y sonidos que muchos, acaso demasiados,  aún intentan no oír.


Gracias Horacio. 

viernes, 21 de septiembre de 2012

REMEMBRANZAS





Aún retengo
hilachas de ayeres
que se destejen
lentamente
entre telarañas
de abriles deshojados,
ausencias que traspasan
la herrumbre del espejo,
la brisa de tu sombra
en mi llanura,
la transparencia de una lágrima
en el vestido azul
y el canto triste de una calandria
en la madera carcomida
del último otoño
presintiendo el adiós.
Y el silencio...
en el que se ahoga el presente.





viernes, 31 de agosto de 2012

FUGACIDAD




se adormece el estío
el esqueleto de un ciprés
acaricia la corteza de la noche
sueñan las alas 
con vuelos azules
y el paisaje 
se exilia en la memoria
en el insomnio del espejo
mi piel desnuda
sobrevive al olvido.

Imagen: Google


viernes, 27 de julio de 2012

LA SILLA





Ella
 me espera
vestida de óxido
retiene aún 
la hojarasca del  pasado
la silla 
me sobrevive
fui yo
quien se alejó
y murieron otoños
y abrigada en cenizas
a mi sombra
se le olvidó el regreso.


IMAGEN: Google

miércoles, 11 de julio de 2012

EL COLOR DE LA DISTANCIA

                             

  “Las grandes distancias inspiran las mayores ilusiones"
                                                                                                       Paul. Theroux 




el exilio
presiente el sur
un puente de mariposas
colorea el aire
abril
deshoja el tiempo
abrevia lejanías
Tuyas. Mías
Perdurables.


la melancolía
atraviesa estaciones
aromas de glicinias
perfuman el regreso
la distancia
vestida de violeta y malva
entrecomilla eternidades
Mías. Tuyas.
Indelebles.

lunes, 2 de julio de 2012

QUIMERA




Cada atardecer ella camina hasta la vieja estación de tren. Viste faldas vaporosas que se ondulan al ritmo de sus caderas. Pinta sus labios con un rouge que resalta su sensualidad. Huele a lavanda su piel. Es bella. La más bella de aquel pequeño y apenas habitado pueblo.
Se sienta en el único banco que queda aún del discurrir. Y espera.
Oye el pitido que anuncia la cercanía del convoy. Camina por las desgastadas baldosas del andén. Se acomoda la melena hacia un costado, repasa el rouge de sus labios, levanta su mano derecha y saluda. Lo presiente. Presiente su mirada, profunda, misteriosa. Como el misterio de la noche en que se amaron. Noche sin luna. Noche cómplice. Y el ensueño se entrecomilla en el paso de ese tren que ya no se detiene. Hace tiempo que dejó de hacerlo. Pero ella sigue viéndolo, allí, eternizado sobre las líneas paralelas. Aún retiene el estremecimiento del instante. El de la brevedad que se eternizó en el andén. Y el del adiós que no espera la recompensa de un después.
Anochece. En el cielo una nube retrasada se desliza como un suspiro y arrastra con ella la oscuridad que cubrirá la soledad de aquel pueblo.  Y sobreviene el silencio.
Las golondrinas con sus vuelos dibujan, para ella, trayectos invisibles en el aire. Mágicos. Como el del tren por la vieja estación.
Su mirada se pierde en la lejanía. Y regresa y guarda celosamente su secreto.
En el pueblo nadie sabe que ese tren a veces... se detiene.