"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

viernes, 18 de enero de 2013

EL OTRO RÍO


"...con la palabra se ve lo no-visto o, incluso, lo no visible... "
                            Emilio Lledó "El silencio de la escritura"

Mujer_en_el_rio

El río que  veo
no existe...
y en su oquedad    
es otro el río que percibo
otra la corriente
sobre  la que descubro
tu cuerpo 
enraizado en sus márgenes
sediento 
de leyendas nuevas,
y veo ojos de  pájaros
y alas abiertas
y ramas huérfanas
arañando verdores  
y  juncos heridos de sol 
buscando caricias
en  los rizos del agua
y  en su lecho 
veo sílabas de arena
inmortalizando el tiempo
veo  sombras,  silencios,
gozos,
y navego en una barca 
de  sueños azules
y en el aire se oye  
un rumor de verbos
fugaces, frágiles,
que nacen y  mueren
 en  un parpadeo
como el   río   que  he visto
y que nunca existió.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Inseparables


Perder nuestro nombre es como perder nuestra sombra;
ser sólo nuestro nombre es reducirnos a ser sombra.
Octavio Paz

                               imagen: Juan Valdivia


Decidió que la enterraría debajo del olivo de la antigua casona de su infancia. Allí durante mucho tiempo fue cavando una fosa. Había estudiado todos sus movimientos. Al amanecer cuando el sol aparecía en el horizonte la presentía a sus espaldas, al mediodía con la verticalidad de la luz la veía empequeñecerse, al atardecer y con la luz que se precipitaba hacia el descanso ella se le adelantaba, y por las noches la descubría,  en el jardín, entre los reflejos plateados de la luna que se asomaban a través del follaje del olivo. Sus diferentes formas las dibujaba en un viejo cuaderno que llevaba siempre consigo.
 Cuando Maria encarcelaba su soledad en la casa, la luz de la lumbre la proyectaba entrecortada entre las grietas de la pared.  Fue desde siempre la geometría que acompañó su cuerpo. La vio crecer, alargarse y encoger hasta ocultarse como parte de un juego en el que ambas participaban. María no podía, ni quería, separarse de ella. Era el ángulo desde el que arrancaban sus días, la línea paralela de su yo desprotegido. Y ella buscaba a María para existir, para ser.
Era la única que conocía los límites de su desamparo. A María nunca nadie le había enseñado el horizonte donde nacen los placeres, las emociones, las sensaciones, las palabras, los sonido, las caricias. Nunca amó, nadie la amó. Nadie, nunca, compartió sus días ni su alma. Vivió sin calendarios marcados. Sin tiempos agotados.

El último día del año se acercó hasta el pueblo, buscó al carpintero más recomendado, lo llevó hasta su vieja casona y a los pies del olivo, allí en donde el tronco se trenzaba a la tierra, le pidió que hiciera un ataúd que se ajustara a las medidas de aquella fosa. Eligió la madera más noble y el lustre del barniz más decoroso. No puso reparos en cuestiones económicas. Poco tardó el carpintero, bien remunerado por el encargo, en terminar aquel trabajo.

Era verano, la noche tardaba en llegar. Hacía demasiado calor. Maria bebió un refrescante brebaje. Enjuagó su cuerpo con un baño y sales espumosas vacías de aromas. Le bastaba el olor húmedo de la noche. Se vistió con una túnica de gasa que dibujaba su sensualidad. Apagó la lumbre, cerró puertas y ventanas y caminó descalza por el sendero que la llevaba hasta el viejo olivo y allí, como lo había previsto, se detuvo.
La luna dejaba pasar la luz exacta que necesitaba su cuerpo para reflejarse en el fondo de aquel ataúd y formaba con ella, que allí la esperaba, un ángulo recto.
En el cuaderno, que la acompañó siempre, había dibujado con minuciosidad todos sus perfiles y calculado con precisión el instante último, cuando el ángulo se cerraría definitivamente. La bocanada final que las uniría para siempre.
El viento borró el paisaje y la tierra sepultó la historia entre las raíces del olivo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Soñemos




¡Qué seáis felices y qué nada ni nadie os arrebate la capacidad de soñar, de pensar, de imaginar. De luchar por  aquello en que creéis, de persistir pese a las zancadillas, de  sentiros dignos. Qué podáis ganarle vida al tiempo y tiempo a la vida !. Y  que améis y os amen.


He escogido  este video que por azar  encontré  hace mucho tiempo y pensé en él  para  acompañar este mensaje dirigido a todos  aquellos que han recorrido junto a mí este hermoso laberinto por las palabras . Por las emociones.
¡Qué lo disfruten!

Un abrazo a todos

Beatriz

viernes, 7 de diciembre de 2012

NATURALEZA MUERTA




despierta el fauno
                        ruge
y el bosque se estremece
cierran sus pétalos
las flores azules
se desborda el río
 emigran sus aguas
hacia cauces extraños
se oye el crujir de las raíces
el desgarro de la orilla
 y vacía de humedades
la tierra presiente
exilio de huellas
un colibrí
extraviado
detiene el instante
y allí donde nacen
los colores del arco iris
sepulta su vuelo
 enmudece el bosque
el fauno calla
se oye el silencio infinito
la mudez del dolor
que sobrevive
a las estaciones muertas.


IMAGEN DE  GOOGLE

miércoles, 28 de noviembre de 2012

EPIFANÍA





Atendía un tenderete de libros usados en el paseo marítimo. Y Soñaba.
Sólo la separaban unos escasos metros de la orilla del mar. Miró la hora en el reloj de la iglesia, recogió su rojiza y ensortijada cabellera con un lazo y cubrió su cuerpo con un foulard azul que se confundía con el color de sus ojos.
El mar la esperaba, calmo.
 Anochecía.
 La primera estrella, la que acompaña a la luna en su asomo, parecía dibujar un haz de luz sobre la arena. Guiándola.
Iba descalza. Aligerada. Necesitaba esa sensación de levedad. De fundirse en lo intemporal.
De confundirse. De vaciarse y aspirar. De perderse... y hallarse.
Sentada en el espigón la noche la sorprende insomne. En espera.
Y el tiempo se deshace en el silencio.
Al alba una ola le devuelve su sombra extraviada. Reconoce su humedad. La de su piel. La de sus labios. Y el temblor de su cuerpo. 
Siente el gozo que sobreviene a la creación. La epifanía del alma ante el estallido del verbo.
Es ella. Gaviota, mar,  roca, salitre...


IMAGEN: DAMA AZUL - ALICIA IMAS






martes, 20 de noviembre de 2012

VULNERABLE

"Cuando una sociedad está a la espera del acontecimiento que puede extinguirla, cuando el miedo, el desamparo, la pobreza, la desherencia y la envidia de todos contra todos han llegado a un estado de madurez, comparables al de los frutos bajo el calor, una expresión secreta y ávida  aparece en la mayoría de los rasgos de los vivos que se encuentran  por las calles de la ciudad que son las nuevas selvas. Los rostros que nos rodean cargan con esa tristeza y manifiestan ese silencio que se extiende. Ese silencio, a pesar de la Historia, es decir, a causa del mito de la Historia, sigue siendo ignorante de su ferocia. Las sociedades occidentales están de nuevo en ese estado  terrible de madurez. Están en el límite de la carnicería."
PASCAL QUIGNARD   ( RETÓRICA ESPECULATIVA )






He aquí un texto que hube escrito cuando  otros miedos, en otros lugares,  me invadíeron:


ha llegado despacio, en cautela, sutilmente
juro que me había atrincherado tras los muros de lo invencible
que había preparado un brebaje que me ayudase a enfrentarlo 
si hasta oré ante la estampa de no recuerdo quién para ahuyentarlo 
que supuse que sólo era cuestión de fe, de coraje, de escudarse y vencerlo...
pero nada ha servido.

invisible

despojado de sombras que lo delatasen
ha llegado
es un segmento vertical
filoso
hiriente
que traspasa la piel
que la penetra
que aletarga el  cuerpo
e implacable 
hace un nido de espinas en el alma
está aquí conmigo
dentro de mí
y  sin piedad
me   desgarra 
y yo indefensa 
vilmente anulada
no pienso
                no soy 
enmudezco
.



sábado, 10 de noviembre de 2012

ONÍRICO



"Todo lo que vemos no es sino un sueño dentro de un sueño" - Edgar Alland Poe



anoche vi llorar a una mariposa vi la tristeza en miniatura la congoja de su alma entre paréntesis la vi inmutable sin vuelo detenida  y eran sus lágrimas rocío... acaso perlas engarzadas

anoche vi llorar a una mariposa vi la belleza del dolor y puse flores y miel en la ventana inventándole un sol que la alumbrara y apretando entre mis dedos un pétalo de rosa sequé su llanto...
ella no huyó, veló mi sueño.