"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

jueves, 24 de julio de 2008

CANCION DE CUNA PARA UN NIÑO SIN NOMBRE

Niño sin nombre
niño sin tierra,
caminante
de equívocos caminos,
trashumante en las noches
de lunas sin pestañas
que arropan tu esqueleto
con el alma crecida.

Niño,
vacío de niño,
de amanecer maduro
con soles que marchitan
el reloj de tu infancia
y encierran tu presente
de inocencia, robada,
en tiempo sin sonrisas
ni voces que te acunen.

texto:Beatriz



sábado, 19 de julio de 2008

Te llamaré Abdou


No sé de donde eres, ni en que lugar del mundo te encuentras ahora. No sé tu nombre, ni tan siquiera sé si aún existes. Tampoco tengo referencias de si eres todavía este niño que yo he encontrado en una foto o te has convertido en un hombre que va luchando por la vida. Pero voy a contarte, niño de los ojos de almendra, lo que yo imagino de ti. Y el que yo te imagine ahora, y lo transcriba en esta página, creo estar segura que tú tampoco jamás lo leerás.
Tú no me conoces, pero al mirarte en este trozo de papel en donde he encontrado tu cara, y tus ojos, especialmente tus ojos niño, he tenido la sensación de que formas parte de mi mundo. Como lo son la flor que riego cada mañana, el suave lomo de mi perra que acaricio cuando despierta, mi libro preferido que me espera cada noche sobre mi mesilla para acariciar mis sentimientos con cada palabra , la sombra del olivo de mi niñez, el recuerdo de la caricia de mi madre, los primeros balbuceos de mis hijos.
Niño de los ojos de almendra, tú has conseguido con esa mirada tuya que yo sólo veo en un trozo de papel, arrancarme la ternura para compartirla contigo. Y mientras penetro en la tristeza de tu mirada, voy empezando a conocerte. Si hasta creo saber como te llamas, me lo dicen tus ojos en donde se percibe casi el llanto, me lo dice también tu piel curtida por el sol del camino que has recorrido con tan poquita vida, vida que a ti sólo te ha enseñado las limitaciones y en la que vas creciendo con llagas en el alma, sorteando con tu inocencia el tiempo que otros te han marcado.
Niño, permíteme sentirte un poco mío, quiero arroparte y transformar tu tristeza en esperanza, quiero que a pesar de todo creas en el ser humano, quiero que sientas que existe la alegría, quiero que aprenda a conocer a aquellos que te han quitado todo para que sientas la dignidad de reclamar y sobretodo niño de ojos de almendra, mira la mariposa que pasa a tu lado, la gota de lluvia que humedece la hoja , busca la estrella que más brille para que alumbre la oscuridad que hoy te habita, y aunque cómo ya te dije al principio del texto nunca sabré si me leerás, para mí hoy es como si nos hubiésemos presentado. Encantada de haberte conocido ABDOU. Yo me llamo Beatriz.

lunes, 14 de julio de 2008

IDENTIDAD


Vertiginosamente
desciendo
por el oscuro laberinto
de la memoria
me encarcelan
las rejas de lo ausente
traspaso los muros
del pasado
e inconsciente
asciendo
busco la luz
para encontrarme
y en ese transitar
de ida y vuelta
sigo teniendo el alma
trashumante
para atrapar un cuerpo
que la habite.

texto:Beatriz
imagen:De principio a fin - Ferrenavarro

sábado, 12 de julio de 2008

ORACIÓN AL AGUA


Agua,
Gota de lluvia
ama a tu tierra
¡penétrala!
haz que en ese encuentro
se desprenda el olor,
aquel
que también se huele
entre las sábanas
de la mujer amada.
Y de su vientre
dermis de arenas saciadas
se desprenderá
la vida.

Gota de lluvia,
ama a tu tierra,
acaríciala
fúndete con ella
y calmarás su sed
y al alba
moja los cristales
de aquella ventana
detrás de la cual
duerme
una mujer gozada.

Y nacerá la vida.

texto:Beatriz

lunes, 30 de junio de 2008

¡CAMPEONES!



De vez en cuando en la vida hay momentos o circunstancias que te llenan de ilusión. Hoy ese momento nos ha llegado por el esfuerzo, el talento y la belleza del juego de estos "23 locos bajitos".




JOAN MANUEL SERRAT-De vez en cuando la vida.

domingo, 29 de junio de 2008

Vidas cruzadas


Albinus había sido un hombre respetable en Berlin, su ciudad natal. Yo le conocí en las sierras de Córdoba, Argentina, adonde había emigrado hacia 1945 después de un doloroso fracaso sentimental. Amó pero no fue amado.
Cada atardecer, al terminar la faena, solía encontrarse con mi abuelo Arnold con quien compartía el oficio de carpintero y una gran amistad que se remontaba a sus años en Berlin. Dos sillas de mimbre verde en el patio de la hermosa casa colonial, donde nació mi padre, y una jarra con agua fresca eran el escenario de sus tertulias. Allí jugaba yo alrededor de la fuente que adornaba el patio bajo una frondosa glicina cuyas flores, al comenzar la primavera, pintaban el paisaje de un deslumbrante color violeta.
Albinus recordaba. Él y abuelo Arnold recordaban. Habían pasado muchos años desde que emigraron, pero seguían apoyándose uno al otro para sobrellevar sus nostalgias. Abuelo había salido de su tierra poco después de su boda con Elena, mi abuela, en busca de un futuro mejor. Lo habían conseguido. Eran muy felices.
Me gustaba escucharlos hablar a abuelo Arnold y Albinus. Sus recuerdos eran, en mi inocencia, cuentos hermosos que no asociaba con la realidad. Hablaban de su juventud, de sus amigos comunes, del barrio y de la guerra.
Una tarde –tendría yo alrededor de doce años- la conversación transformó la mirada de Albinus. Había lágrimas en sus ojos. Éstos eran celestes, muy celestes, y los rojizos reflejos del cielo de ese caluroso atardecer daban a su mirada un brillo especial. Mi curiosidad fue en aumento. Intuí que no se trataba de un cuento sino de una historia común de la que Albinus y Arnold eran los personajes.
Abuelo había posado su brazo sobre los hombros de su amigo como queriendo protegerle. En sus gestos se notaba comprensión. Lo abrazó fuerte y después sacó del bolsillo de su pantalón un amarillento pañuelo con el cual secó sus lágrimas. Entre ellos flotaba el recuerdo de una mujer joven y guapa.
Abuelo se puso nervioso, como si temiese que yo llegara a conocer el final de la historia. Entonces, poniéndose de pie despidió a Albinus. Miré a éste marcharse y, no sé por qué, asocié su imagen con la del perdedor. Su desgarbada figura era como un filo que cortaba la historia entre el desencanto de su pasado y el presente feliz de mi abuelo.
Abuela Elena se asomó desde el comedor para saludarle. La cena estaba lista. Abuelo permanecía en silencio. Aquella noche supe que la tristeza de Albinus por aquel amor imposible tenía un nombre, Elena Suarttz, mi abuela. La joven mujer que enamoró a Arnold .

miércoles, 25 de junio de 2008

EQUILIBRIO




La oscuridad se deja adorar por la noche

como el dolor por el tiempo.

Amanece ,

acaricio tu cuerpo

y mi piel se moja con tu saliva,

la mañana se llena de olores

y somos otra vez

tu y yo,

y yo en ti,

y tu conmigo,

somos nosotros.