viernes 20 de noviembre de 2009

LA GATA DE MI AMIGA


La gata de mi amiga es preciosa. La fotografié este verano, durante mis vacaciones. Era una de esas mañanas en las que, después de “nuestras labores”, nos encontramos vecinas/amigas alrededor de la piscina. Allí solemos reunirmos para nuestras sesiones de “terapias veraniegas”. Hacemos, lo que le hemos dado en llamar, coloquios de filosofía estival. Hablamos de nuestros hijos, de nuestros maridos, de la última novedad de la tele, de sexo, cine, gastronomía, del libro que hemos leído, de lo que ocurre en el mundo ... y de nosotras mismas. ¡Cuánto nos llegamos a reir en nuestras tertulias!. Organizamos fiestas infantiles, cenas informales, “la noche de la tortilla”, “la fiesta de la cerveza”, “la noche de las máscaras”, etc... En definitiva tratamos que esa gran familia de verano en la que nos hemos convertido sea lo más felíz posible y mientras transcurre la cálida estación intentamos olvidarnos de los problemas que habitualmente nos preocupan el resto del año.
Pero la gata de mi amiga esa mañana estaba rara, maullaba continuamente, estaba arisca a las caricias, y cuando la fotografié no puso su mejor cara. Creo que le molestó que retratara su mal humor. Durante el resto de la mañana permaneció encogida contra el marco de la puerta, atenta, vigilante, en una extraña actidud de defensa. Lo comentamos, pero no pasó de ser una pequeña anécdota más en una mañana de verano
Al atardecer mi amiga, la dueña de la gata, recibía el diagnóstico de una revisión que por rutina se había hecho hacía unos días. Una revisión de aquellas que todas las mujeres nos solemos hacer cada cierto tiempo. La gata la miraba, con una mirada especial, mientras ella abría aquel sobre. Con sus patas arañaba la madera del marco. Estaba desconocida.
Y en tan sólo unos segundos, los que ella tardó en abrir el sobre, en el rostro de mi amiga se desdibujaba la sonrisa. También la nuestra, las de quienes compartíamos con ella el inesperado anuncio.
Pero la gata de mi amiga, que es de quien les estaba hablando, como cualquier animal, no entiende de estas cosas. Fue sólo una casualidad lo que hizo que esa mañana no tuviera ganas de jugar, ni de saltar, ni siquiera de comer su diaria ración de alimento. ¿O tal vez no?
De cualquier manera, estoy segura que Gala, que así se llama la felina, pondrá su cara más alegre en la próxima foto. Y mi amiga volverá a sonreir, y nosotros con ella.
Cuando todo pase, que pasará, (estoy convencida de ello), volveré a fotografiar a Gala...y también a mi amiga. Felices otra vez.
Fotografía: Beatriz

domingo 15 de noviembre de 2009

DESAMPARO


Él lo encontró allí. De repente, en una calle cualquiera, se enfrentó con esa soledad impuesta.
Un cuerpo cansado, deshabitado de afectos, vacío de voces que le devolvieran su identidad, se había acurrucado en la acera. Cuna de los sin nombre, de los sin nadie. De los sin nada.
¿Quién lo había arrojado a esa libertad de huérfano?¿Acaso fueron la dulzura de sus ojos, los bostezos a los pies de su dueño solicitando ternuras, merecedores de ése abandono? Hospedado en el desamparo, en noches sin rincones propios, despojado de manos que acariciaran su lomo, sin su manta raída junto a una cama, sin olores reconocibles...se había abandonado. Y desandando caminos extraños, exhausto, había cerrado los ojos a una vida que no le pertenecía.
Él lo encontró allí. Su mirada a través de la lente percibió la tristeza. La cámara captó su desamparo. Sólo unos segundos bastaron para fijar el gemido del alma, el dolor y la belleza de una imagen fundida entre los matices amarronados de una pared que amparaba aquel cuerpo, que disimulaba la intensidad de esa desesperanza.

Fotografía : Pablo Tello
¡va por ti hijo!

lunes 9 de noviembre de 2009

AMANTES

Todas las formas de carne
son hijas del tiempo.

Cartas de creencia, Octavio Paz



“Alguna vez”... se habían dicho en la despedida. Se prometieron un “alguna vez ...” que eternizara la tensión de sus cuerpos.
Hoy, después de muchos años, están otra vez frente a frente, mirándose, tímidamente atreviéndose. Esperando que sus manos retomen el vuelo que dibuja las formas de la carne. Que la noche infinita, desnuda de vergüenzas, penetre en la habitación de los espejos y el amanecer descubra sus cuerpos cubiertos sólo por las invisibles sábanas del placer. Ser como eran, innombrables, ocultos, desafiantes de la verdad. Viviendo solos el roce de sus pieles, sin palabras, sin murmullos que ahuyenten el goce. Volver a ser amantes, sin juicios, sin explicaciones, sin culpas. Allí están, como antes frente a frente, creyendo en la eternidad de lo temporal, queriendo convertir en infinito aquel "alguna vez”.
Pero es el tiempo, implacable juez, quien ahora les niega la magia del pasado y el silencio en el que se habían amado se ha fundido entre los sonidos del mundo ahogando aquel secreto. Las luces le dieron transparencia, y ellos se volvieron nombre y forma y voz.
Y el secreto de los amantes se grabó en los escaparates de la vida, se dibujó en las paredes, dejó huellas en los caminos, se mezcló entre el vuelo de los pájaros que se adueñaron de él para soltarlo en el aire. Lo innombrable se enfrentó con la realidad. Enmarcó de repente la geometría de sus cuerpos en el ahora. Se volvió imagen. Se hizo visible. Identificable. Entonces imposible .
Del pasado sólo recuperaron el recuerdo.
Sólo ellos... los recuerdos... pueden ser eternos. Lo oculto sólo trasciende en la memoria. Y alli permanece.

viernes 23 de octubre de 2009

LA SOLEDAD DE UNA VOZ


Dentro de aquellas paredes sólo había quedado ella, silenciada. La casa, vacía, aún la habitaba.
Y esperaba.
Sólo la acompañaban las palabras que con el tiempo se habían acumulado en aquel espacio.
Buscó un rincón frente a la ventana desde la que durante tanto tiempo, al abrirla, acariciaba con adjetivos las flores que alli abrían sus pétalos cada estación. Esas palabras que habían ido llenando de sonidos los poros de las paredes. Ella y su mudez presente añoraban esos sonidos. La vacuidad la arropaba en su desaliento. La protegía en su desamparo. Mutando, de habitación en habitación, fue recordando susurros, palabras, frases, nombres, propios y comunes, y verbos…comer, salir, hablar, caminar, estudiar, soñar… Verbos que sembraron de vida esta casa hoy sin dueños.
Aspiró una burbuja de oxígeno para humedecer sus cuerdas vocales, para recuperar su tono y su timbre y siguió esperando.
Era consciente de que había llegado el momento en que otra la reemplazaría .


-Hola - dijo la voz - al presentirla. Te esperaba, sabía que vendrías a despedirme.
-Hola - contestó la recién llegada - También yo intuía que iba a encontrarte, agregó. Ambas sabemos que nuestro sonido no muere sólo se silencia, agregó sorbiendo también un poco de oxígeno que le ayudara a modular la emoción. Permanecemos aún despues de la ausencia, incluso después de la muerte, aunque callemos. ¿Quién acaso no recuerda la voz de su padre, del maestro gruñón, el balbuceo de un hijo, o la dulzura del tono de una madre?
Y la vieja voz que empezaba a guardar sus sonidos fue contándole sus recuerdos a la recién llegada, a la voz que venía ahora con nuevos nombres, nuevos adjetivos y verbos de otras vidas que poco a poco irían cubriendo el eco de la casa hoy vacía. Necesitaba evocarlos, tal vez, para finalmente fundirse con ellos.
Luego llegó el adiós. La despedida.
Ella, la vieja voz se fue silenciando, enmudeciendo. Ausentando. Llevaba consigo un equipaje cargado de palabras ya dichas. Las de quienes las habían pronunciado
La otra, la recién llegada empezaba a penetrar por las arterias ocultas de las paredes para impregnarlas de fonías nuevas.

lunes 19 de octubre de 2009

EXTRAÑAS EN EL PARAISO



Llegué cargada de macetas.
Había comprado helechos, orquídeas, ficus, geranios. Estaba exultante. En mi nueva casa tenía al fin lo que siempre había soñado. Una terraza. Iba a llenarla de flores y fragancias.
Al abrir la puerta para descargar mis herramientas de jardinería me encontré con unos inesperados visitantes. Ellos (imagino que macho y hembra) no se alteraron con mi presencia. Tal vez por que tenían claro que ése era su lugar y yo su invasora. Yo era la que interrumpía con mi presencia sus escarseos amorosos.
Entonces pensé , ¿porqué no compartir espacio con tan reconfortante y romántica imagen?
Pero el amor ¡ay, cómo siempre! comenzó a mostrarme su lado oscuro.
Mi terraza, (empecé a replantearme la propiedad) la que creía que podía convertirse en un Edén, en donde Adán y Eva (así los había bautizado) podrían dar rienda suelta a sus instintos naturales sin castigos bíblicos (tampoco había algún fruto prohibido que les provocara tentaciones) se teñía continuamente de pinceladas blanquecinas fruto de las expulsiones intestinales de la bienamada pareja.
En vano fueron mis intentos (no agresivos) de persuadirlos de que mi intención de "compartir" un lugar era sólo para no interrumpir la belleza de su romance y que, tonta de mí, pensaba alegraría mi paisaje.
A estas horas y después de fracasar en todas las opciones posibles con el bienintencionado propósito de que mi territorio sea ¡¡mío y sólo mío!! y que mi armamento para obligar a que mis acurrucados invasores se pongan en retirada (agua, globos que se mueven atados a las barandillas, molinillos de viento, ruidos con tapas de ollas, etc.) no haya dado resultado, sólo se me ocurre pedir a la comunidad bloggera que colabore en mi desesperado intento para que mi pequeño paraíso tenga un agradable e higiénico aspecto.
¡¡Por favor !! ¿alguien tiene alguna brillante idea que impida que me convierta en asesina de Adán y Eva?
Amo a los animales, pero éstos (tortolos/as embobados/as) han podido con mis nervios.
Hasta se me ocurrió plantar "el árbol de la ciencia del bien y del mal", por aquello que alguien(creo que me lo enseñaron en el colegio) alguna vez dijera que quien probara su fruto sería expulsado del paraíso, (en este caso de mi terraza) pero me ha sido imposible encontrarlo en las jardinerías
¡Ah, que no se les ocurra aconsejarme que traiga una serpiente!
Satanás en mi jardín no me haría ninguna gracia. En ese supuesto la que terminaría yéndose sería la que hoy les está contando esta historia tan rocambolesca.
Imágenes: Beatriz

jueves 15 de octubre de 2009

¿EN QUIÉN SE INSPIRÓ?

Esta viñeta de Carochinaski (la he rescatado de imágenes de Google), es el fiel reflejo de mi estado actual.

sábado 10 de octubre de 2009

EL SECRETO DE ABRIL


Una hoja del calendario se ha desprendido del resto de los días. La débil brisa de una estación incipiente la arrastra a contratiempo. Un niño de bata blanca y mochila somnolienta la acaricia con sus pies a horas tempranas.
La acera no la reconoce. La deja transcurrir. Ella sigue dando volteretas a los segundos que le suceden.
Un anciano de lento transitar la empuja con su bastón. Entonces levita jugando con el aire.
Un trasnochado romántico hace sonar un saxofón en una esquina y el resoplo le pone música a su vuelo.
Y Abril, la hoja, baila. Hasta que la gravedad, implacable, la atrae.
La rama de un álamo solidario deja caer una hoja seca con ternuras de otoño para mimarla en su descenso y un charco le hace guiños llamándola para arroparla .
Ella se deja querer mientras su piel envejece y envuelve entre sus arrugas una fecha señalada con tinta roja. ¿ Un instante, una cita, un recuerdo ?
Un secreto, acaso, que se pierde con Abril.

Nota.: Palabras de otro tiempo, en otro lugar. Las estaciones son eternas viajeras.