"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

domingo, 24 de mayo de 2009

UN CAMBIO...ACERCÁNDOSE


Ella era de costumbres fijas y movimientos repetitivos. Desde el momento en que se despertaba, cuando sus azules ojos veían la luz del día, empezaba la ceremonia de sus ritos. Tenía que bajar de la cama apoyándose siempre en el pie derecho para luego comenzar a calzarse el izquierdo. Le era imposible invertir sus movimientos. Desayunaba en el office. Nunca cambió de lugar, ni de silla. Buscaba exactamente el rincón al frente del espejo y allí se veía cada mañana. Ella dibujada, repetida, reconociéndose en el ayer. Ella y su rutina, ordenada, circular, sin transiciones. Bebía un té con leche, luego comía un kiwi. Igual cada día. Nunca cambió su manera de peinarse. Sus labios, maduros, siempre estaban pintados con el mismo rojo pasión, testimonio indeleble de sus noches de placer. Noches fieles, únicas, encarceladas en su memoria. Su perfume, sin embargo, olía a colonia infantil. Seguía usando la misma fragancia, con olor a mañanas frescas, que le ponía su madre cuando era niña. Y como en aquel tiempo, su cuerpo sólo se dejaba acariciar durante el baño por la irremplazable espuma de jabón de coco. Tenía que reconocerse en los aromas.
En el viejo sillón del salón se había grabado la forma de su cuerpo. Allí bajo la lámpara de pié se quedaba horas mirando por la ventana, haciéndo suyo el paisaje, obligándose a desconocer otro destinos. Acariciaba siempre el lomo del libro antes de leerlo. Lo identificaba. Su dedo índice recorría el texto acaso impidiendo que las frases, y las letras y los acentos y las comas y los puntos que hilvanaban aquella historia, se ahuyentaran. Era parca en palabras, las justas, para no cambiarlas por otras. Para no desgastarlas. Austera en ruidos, ningún sonido alteraba sus silencios. Caminaba muy lento, con suavidad, para no borrar sus pasos, para no perderlos. Su mano derecha rozaba cada día, antes de irse a dormir, mi mejilla izquierda. También, a mí, me había hecho intransferible. Luego tímidamente sonreía. El mismo rictus, no le conocí otro. Tal vez porque temía gastar sus gestos. Y cuando el atardecer daba la última bocanada, cuando aún el sol no se había cambiado por la luna, su frágil figura se perdía a lo largo del pasillo. Caminaba en línea recta, repetía baldosas. Y antes de cerrar los ojos, hasta que el sueño la venciera, su vista se elevaba hacia el techo... o hacia el cielo. Siempre igual, todo de la misma manera. Su tiempo tatuado en círculos concéntricos. Igual hasta que llegó, sigiloso y sin su consentimiento, un cambio. Otro trayecto. Definitivo. Irreversible.
(Para "Ella", refugiada en su monotonía, en días sin sobresaltos.)

Imagen : El sueño acercándose-Salvador Dalí

6 comentarios:

cacho de pan dijo...

hola Beatriz,
una triste historia?
tal vez para ella no era tan terrible
besos

Beatriz dijo...

Querido Cachito de pan cuando cuento historias (reales o imaginadas) describo mundos interiores de personajes que a lo largo del relato se van retratando por ellos mismos.
¿ Fué la suya una opción de vida o una imposición del destino?. Quizás si lo supiera tendría la respuesta y podría contestarte si en realidad ha sido o no una triste historia.
Besos alegres, con cambios, con ilusiones. Los míos para uds.

J.Carlos dijo...

Hay personas que han hecho de su rígida rutina diaria, su manera de encontrar la felicidad; todo siempre igual, todo medido, mecánico, con un miedo atroz a los cambios.
Cada uno sigue un camino en la vida, ni mejor ni pero, el suyo.
Precioso relato, un placer encontrarte.
Saludos

Beatriz dijo...

Agradecida por tu comentario y además creo que coincidimos en la percepción de la elección que cada cual elija para su vida, estemos o no de acuerdo con ella.
Me alegra que mi relato haya servido para encontrarnos. Me verás en tu rincón para deleitarme con tu sensibilidad.
Un afectuosos saludo.

Jim dijo...

Ya solo me queda una boda para terminar el "maldito" mes de Mayo, jejeje. . .despues de este sabado, volvere a dar guerra!jejeje.

Besos
Jim

Beatriz dijo...

Jim, en esta casa no se usan llaves. Puedes entrar cuando quieras. Te estaré esperando a tí a tus dulces ironías.
Besos y buenas bodas.