
Dentro de aquellas paredes sólo había quedado ella, silenciada. La casa, vacía, aún la habitaba.
Y esperaba.
Sólo la acompañaban las palabras que con el tiempo se habían acumulado en aquel espacio.
Buscó un rincón frente a la ventana desde la que durante tanto tiempo, al abrirla, acariciaba con adjetivos las flores que alli abrían sus pétalos cada estación. Esas palabras que habían ido llenando de sonidos los poros de las paredes. Ella y su mudez presente añoraban esos sonidos. La vacuidad la arropaba en su desaliento. La protegía en su desamparo. Mutando, de habitación en habitación, fue recordando susurros, palabras, frases, nombres, propios y comunes, y verbos…comer, salir, hablar, caminar, estudiar, soñar… Verbos que sembraron de vida esta casa hoy sin dueños.
Aspiró una burbuja de oxígeno para humedecer sus cuerdas vocales, para recuperar su tono y su timbre y siguió esperando.
Era consciente de que había llegado el momento en que otra la reemplazaría .
Y esperaba.
Sólo la acompañaban las palabras que con el tiempo se habían acumulado en aquel espacio.
Buscó un rincón frente a la ventana desde la que durante tanto tiempo, al abrirla, acariciaba con adjetivos las flores que alli abrían sus pétalos cada estación. Esas palabras que habían ido llenando de sonidos los poros de las paredes. Ella y su mudez presente añoraban esos sonidos. La vacuidad la arropaba en su desaliento. La protegía en su desamparo. Mutando, de habitación en habitación, fue recordando susurros, palabras, frases, nombres, propios y comunes, y verbos…comer, salir, hablar, caminar, estudiar, soñar… Verbos que sembraron de vida esta casa hoy sin dueños.
Aspiró una burbuja de oxígeno para humedecer sus cuerdas vocales, para recuperar su tono y su timbre y siguió esperando.
Era consciente de que había llegado el momento en que otra la reemplazaría .
-Hola - dijo la voz - al presentirla. Te esperaba, sabía que vendrías a despedirme.
-Hola - contestó la recién llegada - También yo intuía que iba a encontrarte, agregó. Ambas sabemos que nuestro sonido no muere sólo se silencia, agregó sorbiendo también un poco de oxígeno que le ayudara a modular la emoción. Permanecemos aún despues de la ausencia, incluso después de la muerte, aunque callemos. ¿Quién acaso no recuerda la voz de su padre, del maestro gruñón, el balbuceo de un hijo, o la dulzura del tono de una madre?
Y la vieja voz que empezaba a guardar sus sonidos fue contándole sus recuerdos a la recién llegada, a la voz que venía ahora con nuevos nombres, nuevos adjetivos y verbos de otras vidas que poco a poco irían cubriendo el eco de la casa hoy vacía. Necesitaba evocarlos, tal vez, para finalmente fundirse con ellos.
Luego llegó el adiós. La despedida.
Ella, la vieja voz se fue silenciando, enmudeciendo. Ausentando. Llevaba consigo un equipaje cargado de palabras ya dichas. Las de quienes las habían pronunciado
La otra, la recién llegada empezaba a penetrar por las arterias ocultas de las paredes para impregnarlas de fonías nuevas.