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¿Palabras ? Si, de aire
y en el aire perdidas,
déjame que me pierda entre palabras.
Déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.
También la luz en sí misma se pierde.
Octavio Paz
Anochecía. La luz que se filtraba a través de la cortina era suficiente para realzar su belleza. Para admirarla en esa quietud; en esa penumbra que la hacía aún mas hermosa. Ella sola. Nacida. Desnuda aún. Deshabitada.
[Hacía calor, pero él sintió frío. Ese frío que se cuela por los poros y avanza hasta contracturar el alma. El frío que precede al desaliento, al temor, a lo inesperado, a las dudas.
Se ahogaba. Abrió la ventana, encendió un cigarrillo y la vio... borrosa, difuminada, deshaciéndose. Yéndose de él. De sus manos. Perdida.
La noche se fue quedando huérfana de luna. Olía a perfumes en sosiego. A savia adormecida.
Se apoyó en el marco de la ventana, mudo. Tan huérfano como la noche. Con su ausencia.]
Se ahogaba. Abrió la ventana, encendió un cigarrillo y la vio... borrosa, difuminada, deshaciéndose. Yéndose de él. De sus manos. Perdida.
La noche se fue quedando huérfana de luna. Olía a perfumes en sosiego. A savia adormecida.
Se apoyó en el marco de la ventana, mudo. Tan huérfano como la noche. Con su ausencia.]
Encendió el candil.
La necesitaba. Y allí estaba, en reposo, esperándolo.
La necesitaba. Y allí estaba, en reposo, esperándolo.
Con su dedo índice él la recorrió para sentirla. Despacio. Trazo a trazo.
Y ella, iluminada, anidó en su mano para latir. Y ser sonido, asombro, vida. Verso.