"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

viernes, 12 de junio de 2009

EL ENTIERRO DE LA SOMBRA


Decidió que enterraría su sombra, su propia sombra, a los pies del viejo olivo de la antigua casona de su infancia. Allí durante mucho tiempo fue cavando una calculada fosa para aquel final. Había estudiado todos sus movimientos. Al amanecer cuando el sol aparecia en el horizonte la presentía a sus espaldas, al mediodía con la verticalidad de la luz la veía empequeñecerse al final de su cuerpo, al atardecer y con la luz que se precipitaba hacia el descanso ella se le adelantaba , y por las noches la descubría, entrecortada en el jardín, entre los reflejos plateados de la luna que se asomaban a través del follaje del olivo.
Sabía de su extensión en cada hora del día, de su fragilidad en la oscuridad. Sus diferentes formas las dibujaba en un viejo cuaderno que llevaba siempre consigo. Por las noches, cuando Maria se apretujaba entre los cimientos de su soledad y la luz de la lumbre, observaba su sombra... elegante, estilizada, vestida de un siniestro color negro, impresa, pegada a los ladrillos de su vida. Fue desde siempre la geometría que acompañó su cuerpo. La vió crecer, alargarse, ensancharse y encoger hasta ocultarse como parte de un juego en el que ambas participaban. María no podia separarse de ella y la buscaba, era el ángulo desde el que arrancaban sus días, la línea paralela de su yo desprotegido de otro. Y ella, la sombra, la necesitaba para existir, para ser.
Era la única que conoció los límites de su soledad. A Maria nadie le enseñó el horizonte donde nacen los placeres, las emociones, las sensaciones, las palabras, los sonido, las caricias. Nunca amó, nadie la amó. Cuando su cuerpo ardía entre las blancas y frescas sábanas de hilo, sólo la sombra conocía de sus saciados deseos. Nuca nadie acompañó sus pasos ni su alma. Vivió sin historia. Sin calendarios marcados. Sin tiempos agotados..
Era de decisiones irrevocables. Tampoco tuvo a nadie que se las discutiera.
Se acercó hasta el pueblo, buscó al carpintero más recomendado, lo llevó hasta su vieja casona y a los pies del olivo, allí en donde el tronco se trenzaba a la tierra, le pidió que hiciera un ataud que se ajustara a las medidas de aquella fosa. Eligió la madera más noble y el lustre del barníz más decoroso. No puso reparos en cuestiones económicas.
Poco tardó el carpintero, bien remunerado por el encargo, en terminar aquel trabajo.
Era verano y la noche tardaba en llegar. Hacía demasiado calor. Maria bebió un refrescante brebaje. Enjuagó su cuerpo con un baño y sales espumosas vacías de aromas. Le bastaba el olor húmedo de la noche. Se vistió con una túnica de gasa que dibujaba su sensualidad. Apagó la lumbre de la casona, cerró puerta y ventanas y caminó descalza por el sendero que la llevaba hasta el viejo olivo.
La luna dejaba pasar la luz exacta que necesitaba su cuerpo para que la sombra, su sombra, se reflejara en el fondo de aquel ataúd, y formara con él un ángulo recto.
En el cuaderno, que la acompanó siempre, estaban dibujadas con precisión las formas de su fina anatomía y la hora exacta de la bocanada final, cuando el ángulo se cerraría para convertirse en una recta. Un huracanado viento sopló después. Y la tierra fue enterrando para siempre esta historia. Solo el olivo guarda aún, entre sus robusta y retorcidas ramas, el secreto que unió dos sombras.

8 comentarios:

J.Carlos dijo...

Me has dejado impresionado con tú relato. Realmente fué siempre una sombra, nadie se enteró que vivió y desgraciadamente, nadie se enteró de su muerte, murió como vivió, olvidada.
Hoy más que nunca, un enorme placer leerte.
Saludos

Beatriz dijo...

Juan Carlos
Todavía tengo dudas de si el personaje tuvo la valentía de enterrar todo aquello que ensombrecía su vida, o la cobardía de no apreciar ni siquiera su propia vida, de no buscar oportunidades, de no intentar encontrar una luz a sus sombras. Tal vez dependa de nosotros el intentar que no nos alviden.
Un beso y gracias por tu lectura.

Fogel dijo...

!Vaya! Te has descolgado con un relato bello y triste. Profundo y muy bien escrito. De múltiles lecturas y sutilesas, de esas que buscamos quienes disfrutamos de leer un buen texto, como este.
Gracias por compartirlo, Beatriz. UN abrazo

Adolfo Payés dijo...

Solo el titulo de tu escrito esta precios..

un gusto pasearme por tu espacio..

saludos fraternos

Beatriz dijo...

Que bien lo dices Fogel,"de múltiples lecturas y sutilezas". Que cada cual descubra la que más se acerque a sus emociones.
Es un juego delicioso el querer descubrir el "pentimento" en un relato.
Gracias por tu comentario y es un placer recibirte en mis rincones-

Beatriz dijo...

Adolfo Payes, bienvenido a los pasillos de mi imaginación. Espero que en esta casa encuentres motivos para regresar. Te visitaré para descubrirte.
Un saludo.

Ricardo Guadalupe dijo...

Beatriz, a mí me pareció una extraordinaria historia de amor. Te cuento, al comenzar a leer pensé, bah, ni siquiera se prepara el entierro para ella sino para su sombra, así de poco se tiene en cuenta, y no sólo eso sino que además quiere enterrar a la única compañera que ha tenido en la vida, le molesta hasta la presencia de su propia sombra. Pero no, luego me fui dando cuenta de que amaba a su sombra, y en todo caso si la entierra es para que al ella suicidarse no se quede sola, una soledad de la que ella tanto sabe. Estuvo pendiente de su sombra hasta el final, lástima que no hiciera algo parecido con el resto del mundo, eso la convirtió en otra sombra. Soberbio el relato.

Beatriz dijo...

Ricardo ¡qué buena lectura haces del relato!
Mil gracias por ello, y si aparte he conseguido que disfrutes con la interpretación, ya me doy por
satisfecha.
Un sincero abrazo-