"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

miércoles, 28 de noviembre de 2012

EPIFANÍA





Atendía un tenderete de libros usados en el paseo marítimo. Y Soñaba.
Sólo la separaban unos escasos metros de la orilla del mar. Miró la hora en el reloj de la iglesia, recogió su rojiza y ensortijada cabellera con un lazo y cubrió su cuerpo con un foulard azul que se confundía con el color de sus ojos.
El mar la esperaba, calmo.
 Anochecía.
 La primera estrella, la que acompaña a la luna en su asomo, parecía dibujar un haz de luz sobre la arena. Guiándola.
Iba descalza. Aligerada. Necesitaba esa sensación de levedad. De fundirse en lo intemporal.
De confundirse. De vaciarse y aspirar. De perderse... y hallarse.
Sentada en el espigón la noche la sorprende insomne. En espera.
Y el tiempo se deshace en el silencio.
Al alba una ola le devuelve su sombra extraviada. Reconoce su humedad. La de su piel. La de sus labios. Y el temblor de su cuerpo. 
Siente el gozo que sobreviene a la creación. La epifanía del alma ante el estallido del verbo.
Es ella. Gaviota, mar,  roca, salitre...


IMAGEN: DAMA AZUL - ALICIA IMAS






7 comentarios:

Tracy dijo...

Quien fuera como ella : mar... roca... salitre...

Fina Tizón dijo...

Y ella es, tal vez, en su siempre ahora, aquello que buscaba en su ayer y nunca pudo encontrar: un todo en el universo.

Precioso.., precioso relato, Beatriz. Mis felicitaciones

Un abrazo

FINA

Horacio Beascochea dijo...

Es ella y se reconoce en el tiempo, en la brisa del mar, en el golpe contra las rocas y el vuelo libre en el alba.

Beso

silvia zappia dijo...

te dejo unos versitos que escribí una vez

vestida de azul
arrasada de mareas
se espera en el alba


abrazo, querida beatriz*

maria candel dijo...

Me gustan las ciudades con mar, con malecones paseables, para disfrutar de la brisa del mar, del salitre pegajoso que se adhiere a la piel, para extender la mirada sin barreras de cemento..

Un abrazo, Bea

mario gomez garrido dijo...

Haces sentir que es posible esa transformación última, el mar siempre tan poéticamente permeable a las metamorfosis, y además ese final, la manifestación y el estallido, sublime, para sumergirse entre las palabras.

Raúl dijo...

Ese toque poético tan propio de tus textos, de ti,...