"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

domingo, 28 de febrero de 2010

"...Y EL DOLOR DE YA NO SER..."



Aceptamos separarnos. Yo me sentía agotado de acompañarlas y ellas de sostenerme. Sería doloroso el desgarro. Lo sabíamos. Suspiré hondo para no quebrantarme y ellas se tensaron para no decaer.
Por pura nostalgia les pedí que se pusieran las medias de seda negra, caladas, las que ceñían mis muslos, las que los embellecían. Por que los muslos eran míos y tenían caricias grabadas de modulaciones nocturnas que me habían pertenecido. Insistí para convencerlas de que se calzaran, por última vez, los zapatos rojos de tacones de aguja, los más altos y de finas tiras que enlazaban los tobillos y realzaban su estrechez.
-¡Ésos, si ésos que están guardados desde hace años en el fondo del armario!-dije- Los de mi primer baile-.
Estirado en la chaise longue de terciopelo negro, despojado ya de ellas, yo las contemplaba.
Eran aún bellisimas, elegantes, seductoras, lo admitía melancólico.
En la vitrola sonó un tango “y una lágrima asomada yo no pude contener”.
Ellas lo reconocieron, lo habíamos compartido y en el suelo del salón las gambas, solas, sin necesitarme, dibujaron una caminata sincopada. Un giro simple. Y otro con barrida y boleo. Y después un gancho, con quebrada. Y una sentadita. Y el ocho adornado
Y yo cuerpo, “solitario y ya vencido” en desespero por intentarlo. En vano.
El tango había acabado. Ellas fueron quitándose los zapatos rojos y las medias negras caladas. Y descalzas, desnudas ya de mí, empezaron a alejarse. Lentamente.
Y sentí el desgarro, el del “ dolor de ya no ser” cuando el tiempo se mutila.
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8 comentarios:

Raquel Barbieri dijo...

Beatriz,

WOW!
Ese cuerpo ya separado de las piernas que han tomado vida propia y que seguirían danzando de no ser porque el resto, ya no puede más... es conmovedor.
Las gambas guardan las caricias propias del baile, del rose de la pierna femenina con la del pantalón del varón, pero también el recuerdo de las otras caricias, las de otro tipo de amor que es en sí una danza también.

Besos. Me encantó :)

Beatriz dijo...

Hola Raquel,
Aislarse como un ermitaño observador de aquello que fue impide que sigamos danzando y disfrutando de lo que aún nos queda por hacer.

Ese cuerpo apresado en el recuerdo de una belleza perdida se adormece sin esperanzas para un después.

Un abrazo

Antonio Tello dijo...

B. A veces, hay terremotos que sacuden el alma y mutilan su continente haciendo que sus fragmentos queden a la deriva entre el dolor y lo que fuimos. Besos.

Luzdeana dijo...

Un cuerpo mutilado aún puede sentir. Siente lo que estuvo y lo que le quedó de aquello. Y la memoria es poética, no periodística, como leí hace poco en un excelente blog.
Me queda la pregunta de qué tendrán para decir las piernas... quizás una segunda parte...?
Que buena idea la de tu historia.
Un beso y una quebrada, amiga.

Beatriz dijo...

Antonio,
Es posible sobrevivir a una terremoto, pero el temor a otra réplica nos desconcierta.
Tal vez haya que aprender a protegerse para que no nos sorprenda desprevenidos y nos desgarre el alma.
Un beso.

Beatriz dijo...

Luzdeana,
Hola amiga, nunca sé cuando ni como va a teminar un texto cuando comienzo a escribirlo.
Son ellas,las palabras que emergen las que te llevan a contarlo de una determinada manera, a darles continuuidad o a decir ¡hasta aquí hemos llegado!. A veces de la última palabra de un relato brota otra historia.
Tal vez esas piernas moduladas con caricias den para algo más
Un beso.

Francisco Ortiz dijo...

La verdad es que es una historia ingeniosa y muy lograda.

Beatriz dijo...

Gracias Francisco,
Es un placer para mí encontrar tu comentario por que de ti puedo aprender.
Felicidades por tu "Última noche en Granada"- Te leeré.
Espero encontrarlo en Barcelona.
Saludos.