
Esperaba hasta hoy. Esperaba que me asombraces nuevamente con los instantes de arrebato que encogían nuestro tiempo; con el parpadeo de las noches, tuyas y mías, frente al imsomnio de los espejos; con tu regocijo; con las contracturas de tu cuerpo amansándose al alba y las yemas de tus dedos, de puntilla, encontrando las notas más profundas en ese pentagrama en donde están los silencios del desconcierto. Y yo, con la danza de mis manos buscando los compases de tu piel, te aguardaba.
Y mientras... mis pinceles y mis óleos; mis violines madrugadores y mi gata; mi desayuno frio y la tibieza de la ducha; mis libros, mis relatos y mis poemas; la fidelidad del sol que se asoma a mi ventana y mi bicicleta sin ticket de partida estaban alli entristecidos de abandonos. Esperándome
Hoy ya no hay esperas. Hoy mis desenfrenos y mi espacio buscarán otro cuerpo, otra casa que los cobije.
Y mientras... mis pinceles y mis óleos; mis violines madrugadores y mi gata; mi desayuno frio y la tibieza de la ducha; mis libros, mis relatos y mis poemas; la fidelidad del sol que se asoma a mi ventana y mi bicicleta sin ticket de partida estaban alli entristecidos de abandonos. Esperándome
Hoy ya no hay esperas. Hoy mis desenfrenos y mi espacio buscarán otro cuerpo, otra casa que los cobije.
Imagen: Google