"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

miércoles, 14 de julio de 2010

MELODÍA DE INOCENCIA


La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia.
Edgar Allan Poe (1809-1849) .




Aún recuerdo su imagen. Era un personaje anclado en el centro de la plaza de mi ciudad. Era parte de aquel paisaje. Pequeño de estatura, regordete, caderas anchas y piernas cortas y curvas. De cara redonda, labios muy finos y boca pequeña; imagino huérfana de besos pero abierta en sonrisas sinceras e ingenuas. Sus ojos muy azules, tiernos y curiosos. Descubridores y sorprendidos de las pequeñas cosas. Ojos asombrados del tiempo medido en amaneceres. La inocencia y la ingenuidad se enraizaron en su cuerpo y en su mente desde su primer párpadeo. Creció con el alma limpia. Le recuerdo con su mameluco azul gastado y descolorido, invierno y verano. De pie, siempre erguido sobre aquella garita improvisada con hierros viejos. Él y su silbato eran inseparables. Nunca oí su voz, sólo el sonido de ese silbato con el que imaginaba ordenar el tráfico. Sus brazos eran alas abierta a la ilusión, a la fantasía. Sus manos, pequeñas, agrietadas y quizás vacías de otras manos, eran su más elocuente lenguaje. Su dedo índice señalaba siempre, hacia izquierda y derecha, detrás y delante, puntos cardinales de esa imaginación sin límites, sin condicionantes. Él era la libertad, sin ataduras, sin tabúes, sin miedos. Parecía no necesitar nada más que ese espacio para ser felíz. Le era suficiente lo que en su viejo sombrero de paja, abandonado en la acera, recogía hasta que el sol le ponía puntos suspensivos al día. Entonces él plegaba sus brazos, envolvía su silbato en un amarillento pañuelo, se arrodillaba a la orilla de un banco y se persignaba mirando hacia el cielo. Agradecía la simplicidad del tiempo. La eternidad de sus días.


Muchas veces pregunté a mi madre en dónde descansaba, cuál era su hogar. Ella, con sus manos, me señalaba una frondosa araucaria que adornaba aquella plaza - Allí, me decía, allí con los jilgueros- intentando ocultar a mi niñez las sombras en la vida de aquel personaje, para mí, entrañable y lleno de magia. Entonces lo imaginaba convertido en pájaro acurrucando su inocencia en alguna rama. Alguna vez hasta creí ver que volaba alrededor de la fuente de mi calle, sediento, intentando beber en el cuenco de mis manos. Quizás por que sus fantasías y las mías coincidían.

Se llamaba Pedro. Lo llamaban Pedrito “El Loco”.
Imagen: Google

10 comentarios:

Ricardo Guadalupe dijo...

Hola Beatriz, yo también me cruzaba en Madrid con un pedrito el loco. El que yo conocí creía dar la salida a los autobuses, ataviado con una gorra y un pito. Se convirtió en un personaje popular y entrañable y los conductores de los autobuses le seguían el juego. Tenía síndrome de Down.

Lo recuerdo con cariño. Gracias por hacérmelo recordar.

Besos

Carlos dijo...

Creo que faltan pedritos el Loco. De esos que beben en el recoveco que hacen el cuenco de nuestras manos...

Un beso.

Javiera Miraglia dijo...

Mi loco de pueblo se llama Bastía...mamá le daba cigarrillos y el controlaba el tráfico de Esquel...aún vive...el municipio le dio una casa, el sur es implacable en invierno,hasta para el loco del pueblo.
Gracias Bea relato impecable...pero no me hagas llorar mas querida!!

Francisco Ortiz dijo...

Qué afortunado retrato, con una frase admirable y sobresaliente, llena de especial sensibilidad: "Sus manos, pequeñas, agrietadas y quizás vacías de otras manos".

Luzdeana dijo...

Los personajes como Pedrito son el más claro ejemplo de la inocencia en su estado puro: una mente sin recovecos especuladores. Como bien lo decís: un jilguero.
Es un retrato tomado desde el alma.
Muy bello, Beatriz.

Beatriz dijo...

Ricardo
Carlos
Javiera Miraglia
Francisco Ortiz
Luzdeana,

No tengo por costumbre agradecer vuestros comentarios de esta manera, pero la virtualidad me ha impuesto su tozudez. Estoy de vacaciones y se me presentan problemas de conexión que hacen imposible a veces que pueda llegar hasta uds.
De cualquier manera aprovecho esta bonanza (imprevista ) de mi máquina para agradeceros que vengan a visitar mi rincón.

Ya ven hay locuras insoportables como la de mi ordenador y otras como la de Pedrito que son simplemente vidas para la poesía .
Gracias por ser, por estar, por vuestras palabras que me alientan a seguir jugando con las palabras (a pesar de lo esquiva que se ponen a veces)
Gracias amigos, intentaré seguir vuestros pasos en la medida de lo posible-
Un beso para todos-

mi nombre es alma dijo...

Hay personas que son paisaje.

Raúl dijo...

Como ya te han dicho, el texto tiene frases, detalles, inmejorables.
Bravo.

Beatriz dijo...

Alma
Raúl,
Gracias por vuestras palabras.
Mis atreviientos con la escritura arrancan de mis emociones, de mis recuerdos, de todo aquello que me estremece. Pedrito existió y por su ternura se merecía que lo recordara.
Un abrazo y los sigo leyendo desde la admiración que me transmiten aquellos que hacen tan buen uso de las palabras.

RECOMENZAR dijo...

Bellamente escrito tu escrito se envuelve de palabras