"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

domingo, 17 de octubre de 2010

PIZPIRETA Y CHANGUITO



Al atardecer Pizpireta salía con la silla verde de asiento de paja y se sentaba frente al portal de su casa.
Vestía con el metro y medio de tafetta de cuadrillé en celestes difuminados que sus manos habían convertido en una falda vaporosa, con volantes ansiosos de elevarse, de alcanzar algo que tal vez ella no entendía aún pero que su cuerpo empezaba a notar. Tía Elba lo percibía y le había regalado una blusa de fina organza que insinuaba la tensión de sus decencias. Ella se sentía hermosa. Recogía su negra melena en dos trenzas que remataba con lazos rojos y se perfumaba con colonia fresca. Sólo le  disgustaban los zapatos Gomicuer, de suela de goma y presilla al costado, que daban a sus piernas todavía aspecto de colegiala.
Ella imaginaba sus pies calzados con las sandalias, que usaba su prima, de dedos descubiertos y pulserita en el tobillo. ¡Cuándo cumplas los quince!- le decía siempre su madre.
Era costumbre en el pueblo la charla entre vecinas al final de sus faenas. Mujeres perfumadas y adornadas con delantales de colores. Los hombres solían hacer sus conversaciones en la esquina de la calle bajo las amarillentas luces de las farolas. Y los niños jugaban a la ronda inundando la tarde de canciones infantiles
Changuito, el hijo del carbonero, la veía desde la acera de enfrente. Le deslumbraba su frescura. Pizpireta lo intuía.
Él se ponía un pantalón de finas rayas grises que le compró su madre en la tienda del turco.Le cubrian hasta la mediapierna. Su padre le negaba aún la condición de mayor que le hubieran otorgado los pantalones largos. Calzaba zapatillas Pampero de color azul oscuro.  A él le gustaban las blancas pero la negrura del carbón teñia hasta sus preferencias. La camisa la heredó de su hermano mayor.
Se apoyaba  en la descascarada pared de su casa. Una pierna estirada, recta, pisando con firmeza el suelo, asentando su incipiente hombría en la dureza de las baldosas. La otra, la derecha, formando un ángulo obtuso, encojida como preparada para dar un salto al tiempo. Changuito sentía el ardor de la adolescencia. Su pulsión.
Pizpireta, niña mujer, presumía y saltaba la comba. Se enredaban, entre los giros de la cuerda, el final de su inocencia y el descaro de sus muslos descubiertos en cada salto.
El encendía un cigarrillo a escondidas entre las sombras del umbral. El tabaco o su timidez le secaban la garganta.
Al oscurecer las  mujeres de coloridos delantales recogían  sus sillas y los hombres se iban  acercando a sabiendas de que se aproximaba la hora del sueño y del rezo. Las niñas deshacían la ronda mientras cantaban su última canción, "...estaba la blanca paloma, sentada en el verde limón, con el pico cortaba la rama, con la rama cortaba la flor, ¡Ay, ay , ay ...cuándo veré a mi amor!.."
Y cuando la calle se quedó vacía hasta de las sombras Changuito y Pizpireta cruzaron sus miradas y al despedirse se susurraron el primer ¡hola ! que pintó el anochecer de rubores.
El tiempo fue madurando sus cuerpos, despacito, como lo hacen las cerezas en primavera
Hubo muchas momentos  de miradas insinuantes.Y de atrevimientos en espera.
Pizpireta cambió de vestido, Changuito estrenó sus primeros pantalones largo. Ella no llevaba como antes sus zapatos de colegiala y él había recibido de su padre el permiso para vestirse de hombre.
.Pizpireta le dio color a sus labios, destejió sus trenzas y vistió su intimidad de sedas y puntillas. Y Changuito, educado hombre de arrabales se atrevió, en una noche de recatados acercamientos, a murmurarle un ¡te quiero!  y la calle se fue estrechando y se sintieron.
Pizpireta, atrevida y anhelante, ocultó sutilmente su vergüenza y Changuito dejó que sus manos necesitadas de piel encontraran los rincones escondidos de esos anhelos,
Una Dama de Noche, de una sola noche, enredada entre las rejas de una casa vieja, desplegó la blancura de sus pétalos para iluminar el primer estallido de sus cuerpos.

9 comentarios:

mi nombre es alma dijo...

Pizpireta y Changuito se encontraron y encontraron aquello que todos deberiamos vivir al menos una vez.

Raquel Barbieri dijo...

Me encantó esta historia tan fresca y ardiente al mismo tiempo, una historia del despertar al amor.
Entre Pizpireta y Changuito todo se dio naturalmente.

Saiendo del costado romántico, me gustó el detalle de los zapatos Gomicuer y las zapatillas Pampero en contraposición con las sandalias divinas y el pantalón largo.


Beatriz, un beso :)

Carlos dijo...

Bella historia de amor, de aquellos amores de la temprana adolescencia, cuando el mundo se reduce al aroma de una dama de noche, de una sola dama de noche.

Un beso grande.

J.Carlos dijo...

Preciosa historia de maduración de los cuerpos y los sentidos; me ha traido bonitos recuerdos, todos hemos sido alguna vez "Pizpireta y Changuito".
Abrazos

ave fenix dijo...

Muy bonita tu historia, creo a todos nos trae recuerdos de una infancia que salta a la pubertad y de unas hormonas que hacen que veas a tu vecina de toda la vida con otros ojos

Raúl dijo...

Me ha gustado mucho, Beatrriz. Liviana en las formas e intensa en el fondo.

Francisco Ortiz dijo...

Qué bien narrado, con imágenes muy buenas y perdurables: el encuentro, la calle, la comba.

Luzdeana dijo...

El candor y la sensualidad tejidos con ternura en una trama llena de nostalgia.
Preciosa historia, Beatriz.
Un beso.

Beatriz dijo...

A mis incondicionales

Alma
Raquel
Carlos
J.Carlos
Ave Fenix
Raul
Francisco
Luzdeana

Sinceramente creo advertir en vuestros comentarios que todos/as hemos sido alguna vez una Pizpireta o un Changuito en esa etapa en que la vida nos sorprende con estallidos que nos animan a atrevimientos. Ese dulce e incipiente despertar de los sentidos hacia la sensualidad.

Gracias por leerme.
En este paseo por las emociones me siento arropada por vosotros-
De todos aprendo.