Acto de la presentación de "TransAtlánticos"
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Foto: Claudia Tello |
Prólogo de Dante Bertini
Cuando empecé a imaginar este libro, mucho antes inclusive de que pudiera pedirle lo que en realidad necesitaba de él, uno de los autores invitados- y fue el primero, aunque no el único en interesarse por esa faceta concreta del proyecto- me preguntó cual iba a ser el criterio que usaría para seleccionar a los poetas. Reconozco que me sorprendió la pregunta, así que recurrí a una éspontánea boutade que jugaba con mi nombre de la manera en que siempre suelen hacerlo los demás.
"Dantesco", contesté muy ufano, y en el mismo momento de decirlo descubrí que no habría otro sistema u método para mí más fiable que el que finalmente usé para componer un libro, este, que nunca pretendió ser una antología regida por ciertos cánones estéticos predeterminados, sino una recopilación de autores argentinos que hayan vivido o vivan en la modernista, y por momentos también moderna, ciudad de Barcelona.
Un criterio arbitrario, sin duda, pero que además me ha permitido llevar adelante un proyecto que nace de la necesidad de juntar lo que estaba disperso, de dejar constancia de algunas presencias evidentes y de otras que parecen ocultas u olvidadas, y a las que une, más allá de escuelas, teorías o sistemas, un vínculo tan profundo e insoslayable como la lengua. Castellana, sí. Española, también. ¿A quién se le podía ocurrir negar semejante herencia?, aunque naturalmente mixturada, sazonada, enriquecida con los giros, el aliento, las imágenes, el aire inevitable de una tierra precisa.
Y además, uniéndose de forma ineludible al idioma común, una experiencia sin ninguna duda igual de trascendente: la inmigración o el exilio.
Como no soy crítico ni experto en poesía sino sólo un escritor más que se atreve y por momentos hasta disfruta con ella, he querido que estuvieran aquí todos los poetas que reunieran estas condiciones. Una idea tan bienintencionada como fantasiosa, ya que con toda seguridad, además de los pocos que han negado su inclusión, habrá muchos de los cuales ni siquiera conozco su existencia.
"Ten cuidado. No confecciones un listín interminable", me aconsejó un amigo editor.
"Algo parecido a eso es lo que en realidad quiero", le contesté sin pensármelo dos veces.
El resultado es este, con toda seguridad tan lleno de defectos como yo mismo. Pido disculpas por los irreparables, y dejo a otros que tal vez quieran tomar el testigo, la posibilidad de mejorar.
Y después de su discurso, entrecortado a veces por la emoción y otras por la sonrisa que provoca la satisfación de un proyecto tan largamente perseguido y finalmente conseguido, a todos los que apreciamos su generosidad sólo nos queda hacerle extensivo públicamente nuestro agradecimiento en nombre, principalmete, de la divulgación de la palabra .
Beatriz
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Prólogo de María Kodama |
Transcripción del texto de María Kodama
Prologar una antología de poesía es una tarea difícil, ya que sería injusto hablar de aquellos que conozco y no sobre cada uno de los elegidos.
Por ese motivo hablaré sobre lo que es la esencia del libro.
¿Qué es escibir un poema?
Para unos, desborde pasional, o frío intelecto, para otros suma de metáforas o de rimas huecas... la eterna discusión de fondo y de forma; para unos pocos la fascinante aventura interior, exigente, dura, maravillosamente lúcida hacia el equilibrio y la armonía.
Escribir un poema es como templar un violín, ahí están las cuerdas, que deben tener la exacta tensión para que el arco, tocándolas o rozándolas apenas, logre la maestría de la ejecución, harto menos ingrata que aquella que se lleva a cabo con la palabra. La palabra, de todos y de nadie, entregándose sólo por un instante a aquellos que unen espíritu y materia, voz e instrumento dedicados a encontrar el centro mismo del hecho poético, donde se confunden, donde se fusionan lo ético y lo estético.