"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

lunes, 2 de julio de 2012

QUIMERA




Cada atardecer ella camina hasta la vieja estación de tren. Viste faldas vaporosas que se ondulan al ritmo de sus caderas. Pinta sus labios con un rouge que resalta su sensualidad. Huele a lavanda su piel. Es bella. La más bella de aquel pequeño y apenas habitado pueblo.
Se sienta en el único banco que queda aún del discurrir. Y espera.
Oye el pitido que anuncia la cercanía del convoy. Camina por las desgastadas baldosas del andén. Se acomoda la melena hacia un costado, repasa el rouge de sus labios, levanta su mano derecha y saluda. Lo presiente. Presiente su mirada, profunda, misteriosa. Como el misterio de la noche en que se amaron. Noche sin luna. Noche cómplice. Y el ensueño se entrecomilla en el paso de ese tren que ya no se detiene. Hace tiempo que dejó de hacerlo. Pero ella sigue viéndolo, allí, eternizado sobre las líneas paralelas. Aún retiene el estremecimiento del instante. El de la brevedad que se eternizó en el andén. Y el del adiós que no espera la recompensa de un después.
Anochece. En el cielo una nube retrasada se desliza como un suspiro y arrastra con ella la oscuridad que cubrirá la soledad de aquel pueblo.  Y sobreviene el silencio.
Las golondrinas con sus vuelos dibujan, para ella, trayectos invisibles en el aire. Mágicos. Como el del tren por la vieja estación.
Su mirada se pierde en la lejanía. Y regresa y guarda celosamente su secreto.
En el pueblo nadie sabe que ese tren a veces... se detiene.

9 comentarios:

Maruja dijo...

Me ha encantado la descrición y el contenido de tu relato.
Un beso amiga.

Rayuela dijo...

y, al detenerse, bajará de él un hombre azul que le leerá poesía.


abrazos, beatriz, un placer leerte*

Horacio Beascochea dijo...

Andenes, trenes que deben volver a detenerse, no solo para que los pueblos dejen de ser fantasmas, sino para recuperar el amor, y apostar a él,por supuesto.

Beso grande

Javier F. Noya dijo...

Contiene cierta metáfora, una atmósfera de esperanza inútil como los héroes de Onetti. Casi le diría que podría ser un pueblo del ramal que termina en Santa María. me ha gustado mucho. Besos.

mi nombre es alma dijo...

Difícil es tener el don de parar uno de esos trenes en los que viajan almas.

Diana H. dijo...

¿El tren se detiene o no? ¿La realidad es lo que parece o con nuestras percepciones hacemos la realidad? Su quimera sostiene la pregunta en el aire...
Muy bello, Beatriz.
Un beso.

Antonio Porpetta dijo...

Gracias a ti, Beatriz. Bello y hondo relato el tuyo...
Un beso.

Rossina dijo...

quizás el tren se detiene siempre. Quizás él llega cada vez. Quizás sólo vemos lo que estamos capacitados para ver.
Pensé en Santa María y me zambullí en los pueblos de Levrero del Dejen todo en mis manos...

Beatriz dijo...

MARUJA
RAYUELA
HORACIO
JAVIER
ALMA
DIANA
ANTONIO
ROSSINA

seré breve, como el tiempo detenido ese andén, como el instante mágico de la imaginación que nos acerca a lo que tan sólo llega a verse con el alma.

Gracias por haberse detenido en mi lugar. Gracias por dejarme vuestras emociones-

BESOS