"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

miércoles, 8 de julio de 2009

A VECES HOY, ES DEMASIADO TARDE.

Me lo habían advertido ¡ ésto es el infierno!, en un sensato intento de evitarme el asombro. Desde que su calendario fue girando las página hacia atrás, no había vuelto a verlo. El destino me había alejado de su lado hacía ya mucho tiempo. En realidad tengo la sensación que siempre estuvimos lejos uno del otro. Pero había regresado por él. Creía que aún quedaba un tiempo para reconocernos.
Se anunciaba ya la primavera y al traspasar la puerta me encontré con un paisaje sorprendente. El olor de los magnolias inundaba todo el patio. Los jilgueros jugaban en la fuente y sólo se escuchaba el chapoteo de sus alas en el agua y sus alegres cantos. Atravesé el jardín por un sendero bordeado de flores. Al final una enorme casa de fachada reluciente, con grandes ventanales. En sus paredes se enredaban buganvillas de todos los colores. Y alli en medio de aquel despertar le vi..., sentado en un banco verde, con la mirada perdida y su blanca cabeza inclinada sobre su hombro aguantando aún, a su pesar, el peso de toda una vida. A su alrededor, otros que como él miraban hacia la nada. Para ellos ya no quedaban estaciones. No les quedaba ningún placer, sólo el inconsciente gesto de estar incluídos en aquel paraíso.

Inmutables, arropados por un único sonido, el de la naturaleza que despertaba. La contradicción del tiempo despertando en una estación y a la vez estancado en esos cuerpos. En un mismo lugar belleza y decadencia, fuerza y vulnerabilidad. Una estación que abría sus brotes y vidas que cerraban sus ciclos. Comienzos y finales.

Me incliné para saludarlo, esperando un mínimo gesto que lo rescatara de aquel paisaje. Toqué sus manos. Se habían trazado muchísimas arrugas desde que nos alejamos. Le abracé, pero sus brazos no se abrieron para arroparme. Sus ojos empequeñecidos parecían mirarme. Pero no me veía. Me pareció notar la humedad de una lágrima atravesando las grietas de su rostro. Tal vez necesité imaginarla. Muy despacio fui deshaciéndome de su insensible fragilidad. Ya era demasiado tarde para que nos reconociéramos. Me había quedado sin su voz, y sin ella también de aquellas palabras que siempre quise escuchar. De las que no nos habíamos dicho. Al alejarme oí nuevamente el chapoteo de los pájaros que jugaban en la fuente y sus gorjeos. El sonido y el silencio compartiendo un paraiso. O un infierno.

8 comentarios:

Jim dijo...

Que fuerte no? Tengo los pelos de punta. Según leía tu relato me trasladaba a mi (incierto) futuro y adoptaba la personalidad del protagonista. Bueno, mas que la personalidad; me ponía en su piel. Ufff. . . . . . .creo que cada día tengo mas clara la idea de que no quiero llegar a viejo. . . .(pero que no se entere mi madre que la da un patatús! Jajajaja.)

Besos
Jim

Daniel Rico dijo...

Bellisimo, es trizte como todo termina en algo que se parese mucho a un invierno eterno, y nosotros desojandonos de auno por vez...

Lunaria dijo...

Es ley de vida. Tengo predilección por los mayores. Me quedo tonta escuchándolos. La mejor de las enciclopedias, por eso, me ha emocionado mucho este post.
Besos.

Ricardo Guadalupe dijo...

Buenísimo el texto. Yo, una vez más, me decanto por una frase en la que haces referencia al calendario: "Desde que su calendario fue girando las página hacia atrás, no había vuelto a verlo". Así es, en la ancianidad última uno vuelve a su pasado más remoto, a ser un niño, a ser dependiente, pero sin padres, y a los hijos no les apetece ejercer de tales, entre otras cosas porque suelen tener sus propios hijos y porque en todo caso quieren que sus padres sigan siendo sus padres y no sus hijos. Eso es lo que nos plantea la ancianidad última: volver solos al seno materno.

Un beso

J.Carlos dijo...

Al llegar a esa edades, por olvido o por ya no tener nada que hacer en esta vida, muchos ancianos sólo se sientan al sol esperando que llegue el último día, les hemos condenado o se han condenado a ello.
Has relatado una sensación que todos hemos tenido.
Saludos

Beatriz dijo...

Gracias a todos por estar aquí, leyendo y evaluando mis palabras
Jim,
Daniel Rico,
Lunaria,
Ricardo,
Juan Carlos.
He notado que casi todos coincidimos en nuestras apreciaciones.
Esta sociedad del bienestar en la que estamos inmerso nos va preparando para disfrutar de lo ostentoso, de lo que podemos presumir, y en esa vorágine de querer alcanzarlo nos dejamos llevar por un agotador camino de esfuerzos para conseguir el bien material que satisfaga nuestro bienestar.
Pero llega de repente, un in/esperado aviso que nos anuncia que se nos escapan los mejores momentos, aquel de las caricias que no tuvimos tiempo para ofrecerlas, de las conversaciones que oímos pero no escuchamos por las prisas, del beso que olvidamos dar por las tardanzas, del !Te quiero! que al final nos terminamos acostumbrando a no decirlo y a no recibirlo....Entonces, ya es demasiado tarde. La vida desgraciadamente tiene un final o al menos eso es lo que pregona la civilización cristiana. Lo descubriremos recién cuando atravesemos ese umbral. Mientras tanto...
¡Qué pena que nos lamentemos de no haber disfrutado de las pequeñas cosa sólo cuando nos llega ese aviso!-
Un cálido abrazo para todos y gracias por arroparme.

Javiera Miraglia dijo...

Este texto e parece tanto a la realidad que intento evitar hasta que inevitablemente mis ganas de ver a mi padre son mas fuertes que la pena. Entre las cosas que no nos enseñan,la belleza de envejecer en paz...podremos nosotras madres de esta generación enseñarlo? tus textos son intensamente femeninos. Y es un placer.
Javiera cruzando puentes.

Beatriz dijo...

Me alegra encontrarte entre las paredes de mis rincones. Zizgzagueante, desplazándote entre mis palabras hilvanadas.
Javiera,
Nuestra función como padres es inculcarle valores y responsabilidades a nuestros hijos.Ésa es nuestra fundamental misión, junto al cariño que deben percibir.
"Siembra que al final algo queda", dice el refrán. Tal vez nos sirva para tener esperanza que algo hemos hecho.
Un beso y te seguiré-