"Con la palabra se ve lo no visto, o incluso lo no visible"-
EMILIO LLEDÓ. El silencio de la escitura

jueves, 2 de julio de 2009

UNA GRIETA EN LA INOCENCIA

Su pequeño baúl estaba alli, al final del altillo. Sus viejos hilos de mimbre se habían resecado con el paso de los años. Pero alli estaba, sumiso, en un oscuro rincón. Asumiendo su función. Guardar, resguardar momentos del olvido. Ella quitó el polvo que lo identificaba con la memoria, con la nostalgia y lo abrió. Cerró los ojos y con su mano derecha empezó un juego. No quería que el encuentro tuviera calendarios. La búsqueda fue sin itinerarios fijados. Al azar. Suavemente la deslizó entre el manojo de momentos que él había retenido. Él, el baúl sería quien la guiaría por los recuerdos. En el primer encuentro, cuando se abrieron sus ojos, apareció aquella imagen.
Ella vestida de rojo, atravesando aquel parque, alegre. Y un instante...
Entonces aún caminaba sin prisas, libre. Sin miedos. Daba pasos de asombro en aquel laberinto. Era una aprendiz de sensaciones. Deslumbrada. Sin experiencias.

Observó detenidamente la imagen y regresó al pasado. Empezó a recorrer lugares repletos de olivos, de acacias, de fragancias y verdes infinitos. Caminos de flores y tierras húmedas. De colores. De trayectos mágicos.
Y se recordó...aún sonriente, desconociendo los entresijos de la vida, arriesgándose, expectante, descubriendo caminos y amaneceres y palabras nuevas, despertando curiosidades. Atreviéndose.
Entonces quería llegar hasta el final. Todavía. A un final aún no imaginado. Era su aventura.

En aquel repaso de sus recuerdos apareció él. Imprevisto en su trayecto. Esperándola.
El prado borró de repente sus colores. Y ella aquel día quedó huérfana de luces.
Él estaba alli, al acecho. Esperándola para devorarle en un instante, con astucias de cazador y de un vil zarpazo, su candidez. Agrietando para siempre su inocencia.
No tuvo valor para mirar la última imagen y cerró el viejo baúl de mimbre con sus angustias dentro.
Siempre le ha temido al último capítulo.
Tal vez, desde que su ingenuidad se enfrentó a los finales infelices.
(Mi recuerdo a Martha, una niña que conocí en un centro de acogida y que le tocó vivir una triste experiencia)

19 comentarios:

Ricardo Guadalupe dijo...

Genial! Estamos hechos de recuerdos. Yo me veo buscándolos muchas veces en los objetos y en los amigos. Sin los recuerdos parece como si me desvaneciera, me hiciera transparente. La memoria me engancha con el presente y resulta un anclaje sobre el que apoyarme para alcanzar el futuro.

En cuanto a los últimos capítulos, para perderles el miedo hay que desentenderse de ellos, disfrutar de cada capítulo, de esa manera con un poco de suerte nunca llega el último capítulo.

Un abrazo,

Me encantó la frase: "No quería que el encuentro tuviera calendarios"

Lunaria dijo...

Lamentablemente, no todos los finales son felices. Y en nuestra memoria hay albergue para los buenos y malos momentos. Así es la vida.
Besos.

Antonio Tello dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Beatriz dijo...

Ricardo,
Lunaria,
En los cuentos existen cazadores fortuitos que salvan a caperucitas de las garras de algún lobo. Pero eso en los cuentos...En la vida, a veces ése “lobo” anda a sus anchas destrozando inocencias, inocencias que luego crecen sin poder arrimarse a la ternura por que desconfian ya de ella.

Gracias por visitarme.
Saben que soy fiel seguidora de vuestros blogs.
Un cálido abrazo. Y no (que también)por este terrible calor.

J.Carlos dijo...

Los recuerdos deben consumirse con moderación; pueden aparecer los buenos, que los disfrutamos, y dan un empuje a nuestra vida y pueden aparecer aquellos que esclavizan nuestra existencia, lastrándola para siempre.
Siempres sorprendes, hasta pronto.
Un abrazo

Beatriz dijo...

Juan Carlos, siempre en tus comentarios se me refleja tu sentido común.
En el relato quise dejar constancia(no sé si lo habré logrado) que hay hechos, luego recuerdos, que hacen que una vida inocente,felíz se convierta de pronto en un infierno por culpa de atrocidades propias de los animales y no de un ser humano. Pero desgraciadamente estos otros animales (que piensan) tambien existen.
Un abrazo

Daniel Rico dijo...

Muy bueno, realmente la vida tiene de por si un final desdichado: nos morimos. Mientras tanto, siempre me parecio una buena desicion quemar los arcones de los malos recuerdos, cuando se puede almenos.

me gusto mucho tu sitio, saludos

Beatriz dijo...

Gracias Daniel por acercarte. Cada comentario hace de este rincón un agradable reunión de amigos que comparten de manera generosa una maravillosa manera para comunicarse , la palabra, la imaginación, historias.
En fin pequeños trocitos de vida.
Un saludo,desde éste "mi otro lugar en el mundo".

el que sabe, sabe; y el que no, tiene un blog dijo...

Suerte que para algunos intervenga lo infausto en el último halo de vida. Único medio que despabila conciencias obtusas.

Saludos desde la compasión

Beatriz dijo...

Nihil,
¡Es tan complejo el ser humano!.
Un respetuoso saludo.

Luzdeana dijo...

Tu precioso y triste texto sobre el final de la inocencia me lleva directo a "El chico del pijamas a rayas", que vi anteayer.¿La viste? Tremenda. La niñez herida de muerte con alevosía.
Debemos andar con cuidado entre los recuerdos. No siempre estamos listos para alguno que pueda asomar sin aviso, aún desde un objeto querido.
Un beso.

Beatriz dijo...

Luzdeana, ¡que bonito tu comentario! Sencillas palabras e intenso mensaje" Debemos andar con cuidado entre los recuerdos".¡Cuánta razón tienes!
¡Cuánto equilibrio en tus apreciaciones!.
Un beso agradecido.

Beatriz dijo...

Lusdeana , me he olvidado de contestar a tu pregunta sobre "el niño del pijama a rayas". No ví la película , pero leí el libro casi recién publicado. Precioso y conmovedor relato.
¡Cuántas inocencias ultrajadas por la ceguera de la crueldad humana a lo largo de nuestra historia!. Triste, muy triste.
Un abrazo

Javiera Miraglia dijo...

Beatriz, una le le escuche decir a Galeano que la palabra "recordar" viene de "cordis" que es corazón, y significa volver a pasar por el corazón un hecho. Querida amiga, algunos hechos cada vez que pasan por el corazón, dejan una marca muy profunda. No te lastimes

UN beso sanador

Fogel dijo...

Beatriz, el comentario anterior, el de Javiera Miraglia, es mio. Ella es mi esposa y no me di cuenta que estaba en una cuenta abierta por ella.

Más besos

Beatriz dijo...

Fogel, tu despiste y mi curiosidad me han llevado hasta el blog de Javiera Miraglia.
Agradezco tu confusión por que ella me ha permitido ver unas imágenes cargadas de sensibilidad.
Excelentes fotografías.
Pasaré seguido por alli para descubrir otras formas de expresión.
Mis felicitaciones para ella y saludos para los dos.

Jim dijo...

Es una lástima que no seamos dueños ni de nuestros recuerdos.
Aparecen sin pedir permiso!! Y eso no vale!. . . .sobre todo si son malos recuerdos. . . maldito cerebro!!! Quiero una lobotomía! Jajajaja. . .pero selectiva!

Besos
Jim

Beatriz dijo...

Jim, por favor, no cercenes tu cerebro que lo tiene tan bien amueblado.
Siempre te he dicho que tus comentarios están repletos de sentido común a pesar de tus je,je,je,
Por otro lado , creo que no somos dueños de casi nada, ni de nosotros mismos. Por que el destino decide a cada momento que hacer con nosotros. Nos queda la satisfaccion de disfrutar de los buenos momentos , por que si dejamos pasar el tren luego nos lamentaremos que hemos llegado tarde. Y en cuanto a los recuerdos somos un arcón repleto de historias, buena y malas. Con las buenas disfrutamos y de las malas, ¡hay de ésas quien pudiera evitarlas!.
Un gran abrazo para ti y como siempre para esa maravillosa flia. que siempre aparece por allí

Jim dijo...

Jejeje. . . ya me gustaría tener amueblado el piso en vez del cerebro!!! jajajaja. . . .que me toca ver la tele en una puta silla!!! jajajaja. . . . . . eso si: La television de Plasma de 50 pulgadas y la Playstation 3, que no falte!!!! jajajaja.