Os deseo un futuro en paz
jueves, 30 de diciembre de 2010
EL ÚLTIMO PÉTALO
Os deseo un futuro en paz
sábado, 18 de diciembre de 2010
CUENTO DE NAVIDAD
Paz, salud e imaginación para ser felices . Con cariño para vosotros.
Beatriz
jueves, 9 de diciembre de 2010
ALABANZA DEL ASOMBRO
Me asombra
el llanto que la anuncia
sábado, 27 de noviembre de 2010
ONIROMANCIA
Humberto Ecco
Secuencias:
el río pasa y sus aguas se renuevan;
y en la hierba, debajo del árbol que nos oculta, nos arropan hormigas de miel, untuosas, envolventes;
y despiertan los querubines que juegan entre aromas nocturnos, y se asombran...
mientras, el río pasa y se renueva;
y yo sostengo entre mis manos una manzana roja, muy roja, de textura brillante, de las que incitan a morderla; y en la rama más alta del árbol un pájaro agita sus alas de arco iris anunciando al universo ese instante de calma, en el que tú y yo mordemos la manzana y nuestras bocas se acercan
mientras, el río pasa y se renueva;
y llueven anheladas lluvias y sobre la hierba mi cuerpo, alumbrado, se estremece entre las hormigas de miel. Se duermen los querubines, se aquietan las alas del pájaro
y las aguas del río crecen, se desbordan;
y busco los restos de la manzana mordida y las huellas de la serpiente que vi arrastrándose antes de que llegara el diluvio.
Antes de que te marcharas del jardín. Justo antes de despertarme.
Imagen: google
sábado, 20 de noviembre de 2010
LONTANANZA
...si pudiera,
domingo, 14 de noviembre de 2010
EN OTRO LUGAR, EN OTRO TIEMPO.
los abriles
el gemido que acunaba la distancia
el pertinaz mordizco de lo ausente
y el camino que retuvo, invertida,
mi sombra entre los álamos.
Y aquel olor a lluvia de otras lluvias
y el columpio en el patio
y el ceibo y el naranjo
mis trenzas y tus besos
y los vientos del sur y mi inocencia
el boceto inacabado del regreso
y las hilachas de mi cuerpo,
sin darme apenas cuenta,
ya se han arrinconado en la maleta.
Allí donde encanece este destierro
y las estaciones extrañan su destiempo
yo envejezco.
lunes, 8 de noviembre de 2010
DÍA DE GUARDAR
Nota: la imagen esta tomada de Google-
domingo, 31 de octubre de 2010
QUEBRANTO
domingo, 24 de octubre de 2010
ES ELLA,
domingo, 17 de octubre de 2010
PIZPIRETA Y CHANGUITO
domingo, 10 de octubre de 2010
MUTACIÓN
jueves, 23 de septiembre de 2010
QUE NO SE APAGUEN SUS VOCES

La gata relamía sus patas, se desperezaba y la miraba. Siempre la miraba. Y Rosa percibía la dulzura de esos ojos verdes espiándola, acompañándo sus momentos.
Tendió la última prenda en el tendedero. El día despertaba radiante. Juan y los niños le dieron un beso antes de partir.
-Siempre con el tiempo justo- dijo, y ellos rieron. Era su frase de todas las mañana a la que agregaba cuando iban traspasando la puerta- ¡Los quiero!-
El colegio de Marc y Julia le quedaba de paso hacia la editorial y él se encargaba de llevarlos.
Dejó en el cuarto de plancha la ropa que había descolgado y miró el reloj. Ya no tenía tiempo de doblarla.
La gata refunfuñaba. Le disgustaba quedarse sola. Precisamente por ello Juan la llamó Soledad .
Cogió el bolso, regresó a la cocina a beber un vaso de zumo, de prisa como siempre, y cuando se dirigía a la puerta de salida se fijó en la hora que marcaba el reloj de pared. Lo hacía también cada día y como cada dia marcaba las siete y cuarenta y cinco. El metro le quedaba muy cerca y en quince minutos llegaba a su trabajo. Sus clases en el Instituto empezaban a las ocho y media. Le gustaba llegar unos minutos antes y repasar el periódico que Don Julio, el kiosquero de la esquina, le dejaba cada día sobre su escritorio.
Despúes de la desaparición de Martín el profesor de psicología, en extrañas ciscunstancias, leía los titulares con la esperanza de encontrar alguna noticia alentadora.
Aquella mañana le tocaba enfocar la clase hacia los poetas de la generación del 27. Poesía y exilio,
Cernuda, Altolaquirre, Lorca... Dejó toda la bibliografía que había traído para desarrollar el tema sobre el escritorio y se entretuvo viendo pasar la vida a través de la ventana. Mientras, los alumnos se entretenían aún en el patio.
Sóno el timbre que anunciaba el comienzo de la jornada. De pie apoyada en el marco de la puerta esperaba que ellos fueran llegando al aula.
Pero su clase no empezó.
Alguien de repente le tapó los ojos y la boca. Creyó que se trataba de una broma de alguno de sus compañeros. Y pronunció varios nombres tratando de descubrirlo.
A pesar de las tinieblas que envolvían el país, había algún momento de evasión.
Inmediatamente sintió que la elevaban del suelo y como conocía perfectamente cada baldosa del Instituto, supo que su cuerpo era sacado por la ventana hacia la calle. Era imposible que profiriera algún grito. Estaba amordazada. No era una broma.
Ni una voz, ni un sonido. Sólo el sordo ruido de su cuerpo que se estrellaba sobre algo que no podía precisar. Y el sonido de una puerta que se cerraba.
Y luego... un motor que se ponía en marcha. Aunque se resistía a pensar en lo peor no pudo dejar de recordar a Martín, su compañero de fatigas en el Sindicato de Profesores de Institutos. Ambos trabajaban para conseguir calidad y reconocimiento en la labor del docente. Intentó convencerse, por puro mecanimo de defensa, de que se trataba de un error y que aquel susto se aclararía muy pronto.
El motor del coche se silenció y su cuerpo, mudo y enceguecido, sintió el roce de unas manos rudas que lo empujaban, a lo que ella supuso, el interior de una casa. Intuyó que ya era de noche y que el trayecto había sido largo.
Ya en el interior, le quitaron primero la venda de los ojos y luego la que amordazaba su boca. Alcanzó a ver a los autores de lo que ella había pensado, en un primer momento, que era un juego de sus compañeros. Al principio le costaba enfocar bien aquellos rostros desconocidos. Estaba en una sala húmeda, oscura, tenebrosa. Balbuceó, inconsciente de la gravedad: -Tengo clase a las ocho y media, mis alumnos me esperan-
-Aquí también te están esperando.- le dijeron y abrieron una puerta. Olía a sangre... creyó ver un cuerpo desfalleciente. No le reconocía, sus ojos amoratados, sus labios sangrantes e inflamados, le faltaba un diente, sin las gafas, desnudo. Pero él estiró sus manos como queriendo acariciarla ... y lo vio. Era Juan. Gritó, pero sus gritos tambíen se ahogaron. Un fuerte golpe y una pregunta, y más golpes y preguntas. Furia e impotencia. Y dolor, mucho dolor en el alma.
Era un idioma desconocido el de aquellas fieras.
No pudo contestar, no sabía que decir. No tenía nada que decir. Y abrieron otra puerta. Allí alcanzó a ver a Marc y Julia. Sus hijos sobre la falda de alguien que los acariciaba, que los besaba en medio de aquel infierno. Y estaba tambíén agazapada, estremecida entre las piernas de aquel monstruo, Soledad. Indefensa. Sintió su maullido y la carcajada de aquel monstruo.
No podía articular palabra alguna ante semejante barbarie. Se desvanecíó.
Despertó en otra sala, terriblemente dolorida. Habían usado su cuerpo para descargar sus instintos de bestias.
Imposible precisar el tiempo que pasó desde aquel día. Ya no hubo tiempo. Ni espacio reconocible. Sólo horror y un único objetivo, destruir su identidad, anularla, enloquecerla. ¡Por nada!, ¡porque sí!. O tal vez por aquello de lo que ellos no eran capaces. Pensar, sentir.
No volvió a ver a su marido, ni a sus hijos, ni a dar clases en el instituto. La dejaron sin mañanas
Quedó pendiente su última clase “ La muerte de Lorca”.
El asesino apretó ocho veces el gatillo. A su gata le quitaron las siete vidas. Una a una, sin piedad.
Rosa no alcanzó a oir el último disparo.
A Soledad no le gustaba quedarse sola .
jueves, 16 de septiembre de 2010
EN SILENCIO

El poeta insomne
aguarda la brisa
la caricia de entretiempos
que eleve sus silencios
hasta la cima en donde descansa Céfiro.
viento enamorado
que madura sílabas adormecidas
en el regazo de Flora.
serena
atraviesa estaciones
abre las puertas de la noche
y con suspiros de abril
empuja la palabra gestada
adormeciendo la angustia del vacío.
El poeta no descansa.
En silencio
espera.
viernes, 3 de septiembre de 2010
PLENA
Yo la esperaba encogida, como una caracola, vacía, deshabitada de mí. Sólo piel, piel desnuda esperando en la arena.
Ella se acercaba con giros desconfiados, amenazantes, huidizos, pero buscándome. Necesitada de mí.
Yo la esperaba, necesitándola.
Esperaba su tacto envolvente, sus partículas inundando mi geometría plana, buscando mis vértices ocultos. Descubriéndome.
La noche era noche entera. Noche de entrega y de abandonos.
Y me dejé arrastrar por su furia de amante desbocada. Sentí los latidos de su espuma dentro de mi piel ahuecada. Penetrándome
¡Sentía! . ¡Me inundaba!. ¡Me habitaba!
Ella rugía en su dominio. Era poderosa en su saciedad.
Y yo, piel ya colmada, me dejé envolver por sus abrazos entre sábanas de algas.
Plena.
La noche se hizo larga, bondadosa.
Suficientemente bondadosa para crear.
Al alba el mar estaba sereno.
lunes, 16 de agosto de 2010
SED
lunes, 26 de julio de 2010
LA BREVEDAD DE LAS ESTACIONES

¡Qué implacable es la brevedad de las estaciones!- dijiste de improviso, dándole el justo valor al tiempo del verbo que usabas.
Yo, recostada en mi vieja tumbona, evité tu mirada y me distraje con el juego de deslices desafiantes de las nubes, con el balanceo de las ramas nuevas que al rozarse acariciaban sus brotes, pezones tiernos de la vida.
Me negaba a querer entenderte.
La tarde era muy calurosa. Quise creer que la pesadez de la siesta me condicionaba para contestarte.
Demasiado- contestaste - mientras secabas tu frente empapada de sudor y apoyabas tu cuerpo en el tronco del jacarandá.
Pero la conversación era intermitente. Cada palabra que pronunciábamos parecía introducirse en una espiral de la que le era muy dificil escapar para formar una frase.
El sonido de tu voz dejaba en el aire la fugacidad de unos puntos suspensivos. Sentí un ligero desasosiego.
Me incorporé, bebí agua fresca de la botella sumergida en un balde de aluminio con hielo. El frío del líquido me despejó. Reaccioné. Supe que esperabas una contestación
¿Acaso no crees que la brevedad de una estación es el prólogo del tiempo que ha de venir?- te dije, intentando convencerme de que todavía nos quedaba verano. Intentando convencerte.
Y te miré. No, tú no lo creías. Tampoco yo, que desesperada me engañaba inventándote un mañana.
.
miércoles, 14 de julio de 2010
MELODÍA DE INOCENCIA
La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia.
Edgar Allan Poe (1809-1849) .

Aún recuerdo su imagen. Era un personaje anclado en el centro de la plaza de mi ciudad. Era parte de aquel paisaje. Pequeño de estatura, regordete, caderas anchas y piernas cortas y curvas. De cara redonda, labios muy finos y boca pequeña; imagino huérfana de besos pero abierta en sonrisas sinceras e ingenuas. Sus ojos muy azules, tiernos y curiosos. Descubridores y sorprendidos de las pequeñas cosas. Ojos asombrados del tiempo medido en amaneceres. La inocencia y la ingenuidad se enraizaron en su cuerpo y en su mente desde su primer párpadeo. Creció con el alma limpia. Le recuerdo con su mameluco azul gastado y descolorido, invierno y verano. De pie, siempre erguido sobre aquella garita improvisada con hierros viejos. Él y su silbato eran inseparables. Nunca oí su voz, sólo el sonido de ese silbato con el que imaginaba ordenar el tráfico. Sus brazos eran alas abierta a la ilusión, a la fantasía. Sus manos, pequeñas, agrietadas y quizás vacías de otras manos, eran su más elocuente lenguaje. Su dedo índice señalaba siempre, hacia izquierda y derecha, detrás y delante, puntos cardinales de esa imaginación sin límites, sin condicionantes. Él era la libertad, sin ataduras, sin tabúes, sin miedos. Parecía no necesitar nada más que ese espacio para ser felíz. Le era suficiente lo que en su viejo sombrero de paja, abandonado en la acera, recogía hasta que el sol le ponía puntos suspensivos al día. Entonces él plegaba sus brazos, envolvía su silbato en un amarillento pañuelo, se arrodillaba a la orilla de un banco y se persignaba mirando hacia el cielo. Agradecía la simplicidad del tiempo. La eternidad de sus días.
Muchas veces pregunté a mi madre en dónde descansaba, cuál era su hogar. Ella, con sus manos, me señalaba una frondosa araucaria que adornaba aquella plaza - Allí, me decía, allí con los jilgueros- intentando ocultar a mi niñez las sombras en la vida de aquel personaje, para mí, entrañable y lleno de magia. Entonces lo imaginaba convertido en pájaro acurrucando su inocencia en alguna rama. Alguna vez hasta creí ver que volaba alrededor de la fuente de mi calle, sediento, intentando beber en el cuenco de mis manos. Quizás por que sus fantasías y las mías coincidían.
martes, 6 de julio de 2010
FUE

http://javieramiraglia.blogspot.com/
Javiera, va por tí, por tu mirada
Fue.
Huella fugaz que se adelanta al recuerdo, hermoso trazo que dibuja la finitud. Tan sólo tres letras enlazadas que se gestan para desenterrar el ayer, que destejen hasta el instante. Grafía con inexistencia de mañanas.
Fue... heroico, simple, hermoso, desgraciado; fue... un héroe, un villano, un padre, un poeta, un amante; fue... loco, complicado, romántico, apasionado.
Fue... tuvo vida.
Fue... hace siglos, hace poco, ayer. Y el tiempo del verbo, viaja desde el pasado, espía la historia, rememora, acompaña la nostalgia y la palabra se silencia.
Pero el poeta no la abandona. Se apodera de su hermosura. Él prolongará su existencia, la impregnará de belleza.
Y ella, huella y humo, sabe que cuando su sonido sea verso, trascenderá. Será poesía.
viernes, 18 de junio de 2010
ATREVIMIENTOS

Y mientras... mis pinceles y mis óleos; mis violines madrugadores y mi gata; mi desayuno frio y la tibieza de la ducha; mis libros, mis relatos y mis poemas; la fidelidad del sol que se asoma a mi ventana y mi bicicleta sin ticket de partida estaban alli entristecidos de abandonos. Esperándome
Hoy ya no hay esperas. Hoy mis desenfrenos y mi espacio buscarán otro cuerpo, otra casa que los cobije.
viernes, 11 de junio de 2010
PRESAGIO

Tampoco pude hacer nada.
miércoles, 2 de junio de 2010
CRUCES
juraría que es él creo no equivocarme aunque han pasado tantos años que hay rasgos que me desorientan pero lo admito el tiempo es implacable no tenía barba su cabello tampoco era blanco no obstante me sentaré a su lado tal vez me reconozca pero que tonta soy si yo tampoco tengo aquella cabellera negra y con este color de tinte cómo se me ocurre pensar que él llegaría a reconocerme pero insisto y de cualquier manera ocuparé el asiento vacío que está a su lado pasan ya cinco minutos y yo casi pegada a su cuerpo y él que me mira o a mí me lo parece pero ningún gesto me hace pensar que me recuerda y si le pregunto si este autobús me deja cerca del museo Picasso acaso en su contestación yo reconozca su voz o él la mía pero sería en vano su voz ya era distinta cuando en aquella llamada imprevista de hace unos años me contaba que se había casado y que era muy feliz ahora lo siento toser pero no tengo ningún recuerdo de cómo era su tos pero vaya ocurrencia la mía si nunca me interesó como tosía eramos muy jóvenes y por entonces eran sus ojo, sus labios, sus manos en mi cuerpo y las mías rozando su piel lo que no hacía creer que aquello sería para toda la vida vaya ahora me mira juraría que algo de mí le resulta familiar pero sigue callado creo que él también piensa que se ha equivocado que angustia mi parada está muy próxima sería insólito habernos encontrado y que éstas incertidumbres nos privaran aunque mas no fuera de un hola que alegría encontrarte alguna vez tenía que suceder nos lo habíamos dicho tantas veces sí habíamos dicho que nunca nos olvidaríamos y que si alguna vez volvíamos a encontrarnos y pasare el tiempo que hubiese pasado nos abrazaríamos como lo hacíamos entonces y a lo mejor hasta nos regalábamos un momento inolvidable y bueno entonces por qué me lo pienso tanto y de una vez me atrevo y me presento hola me llamo ana tu cara me resulta familiar que no que tampoco que eso a él no le gustaba odiaba los formulismo aunque si efectivamente es él acaso se moleste por que no lo he reconocido y ahora en lugar de atreverse a decirme algo va y saca un libro de su portafolios esto me viene de maravillas porque ahora ya no tendré duda reconocería entre cientos cuales eran sus lecturas preferidas y le vuelvo a mirar con curiosidad que caray quiero saber que lee pero vuelve a mirarme juraría que está esperando asegurarse de que no es un espejismo que me ha encontrado que soy yo la que tanto le quiso y que a ha llegado el momento y me tomará otra vez de la mano y me dirá eres tú te he reconocido y al abrazarme sabré que siempre hubo esperado este momento pero nada de eso sucede quizás porque sigue siendo tan tímido como entonces y me vuelve a desorientar tampoco es un libro lo que va a leer sólo son unos folios impresos aunque ahora que lo pienso a él le gustaba muchísimo escribir no lo hacía mal acaso se haya decidido al fin y sean éstos los borradores de la novela que siempre quería publicar lee con entusiasmo me mira ahora con insistencia seguro que no se anima a decirme hola soy juan claro que también era un indeciso estará pensando y si me confundo aunque noto que tiene ganas como de abrazarme vamos a mí me lo parece me faltan dos paradas y nuestro destino depende de una pregunta él se pone de pie se dirige a la puerta para descender lo hará antes que yo ahora no hay dudas él siempre quería ser el primero en todo el viaje se termina gira la cabeza me mira pero que tonto ha sido no se ha animado a preguntarme eres ana y yo me quedo enmudecida y desde la ventanilla le veo alejarse se detiene y enciende un cigarrillo como lo hacía hace veinte años cada vez que nos despedíamos y aún se acuerda que a mí no me gustaba que fumara.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Entre tiempos

Es inacabable esta congoja que adormece los segundos del estío, insolidaria esta angustia que impide que mis pies desnudos calcen las sandalias rojas y salgan al encuentro de la vida antes que los desoriente la noche.
!Qué infinito y oscuro es el tiempo de abril a abril sin primaveras!.
jueves, 13 de mayo de 2010
EPÍLOGO

Tenía que suceder así, de repente, en un día imprevisto, en un día que no figuraba en nuestro calendario. Cogiste coraje y me leiste en negativo la frase que dormitaba desde siempre en el doblez de la servilleta. En la que tanto creíamos. Era dificil para ti reconocerlo, pero ya ves “los te quiero” y los “para siempre” acaban rebelándose contra la eternidad.
A regañadientes, porque sé que te costaba desprenderte de los momentos que habíamos vivido, me entregaste las fotos del último viaje y las del bar en el que brindábamos por lo que éramos; el libro que aún no habíamos leído; el albornoz blanco que envolvía nuestros cuerpos, aún con frescura tuyas y mías, y tú última caricia, ¡ pobre de ella!, resistiéndose a perderme.
Yo te dejé el segundo más largo detenido en mis labios; el olor de mi último desayuno; el poema que escribí mientras preparaba tu postre preferido; una lágrima desorientada que se quedó adherida en tu dedo índice y el pellejo de mi tristeza. Y en el espejo olvidé mi sombra en fuga y el temblor de mis manos maquillando la angustia.
El tibio aire de aquella mañana de otoño recogió el instante final, el ruido de tus pasos y los míos en giros divergentes. Opuestos.
Sólo el silencio sobrevivió al adiós, y me adueñé de él. Me quedé con ese silencio que siempre acompaña a pasear los recuerdos.
.
viernes, 7 de mayo de 2010
LA TERNURA DE LA AUSENCIA

Estaba allí en esa vieja fotografía de mi infancia junto a otros rostros queridos. El de mi hermano Juan, el gordito de la familia; el de Ernesto, el dormilón, y el de la pequeña, dulce y soñadora, Alicia. También estaba, escondido entre las piernas de papá, mi perro Mouki mezquinando su cuerpo a la cámara. Parecìa no querer perpetuarse en un papel, pues recuerdo cómo se resistía a que lo retrataran.
Faltaba mamá.
Lo advertía ahora. Acaso por que en ese momento tenía asumido que ella no podía detenerse ni un minuto en sus quehaceres. Su ir y venir por la casa era algo que entraba en la normalidad. Podía estar recogiendo flores del jardín para que lucieran frescas en el jarrón que adornaba el centro de la mesa. O buscando en el armario la carpeta de punto de cruz que había bordado antes de casarse y con la que siempre cubría esa vieja mesa camilla. Almidonada, blanca, hermosa. ¡De hilo bueno!- decía ella.
En el fondo de la fotografía descubrí la biblioteca de roble que abuela mandaba barnizar cada año y en la que mis manos acariciaban las cubiertas de aquellos libros relucientes, imaginado sus historias. Era mamá la que en las tardes de mis vacaciones escolares, en el patio y bajo las enredaderas me transportaba con sus lecturas hacía mundos desconocidos. Allí empecé a descubrir que existían palabras cuyos significados en la vida distaban de los que figuraban en mis diccionarios.
El amor era mucho más que aquello que lo definía, no era sólo un hermoso y alegre sentimiento. También era llanto. La muerte no era el fin sino el anuncio de un viaje hacia lo desconocido. La soledad desamparaba, pero también acompañaba. Y los silencios... ¡Ah, los silencios! ¡Qué bien explicados! Mamá suspiraba para que yo los entendiera. Para ella el silencio era ese suspiro. Ese grito ahogado de la vida. La herida no sólo era una grieta en la piel, tambien era un pellizco en el corazón .
Todo sobresalía del marco, cobraba vida.
Las toscas manos de mi padre, apoyadas en su rodilla, con grietas de responsabilidades cumplidas. Manos que no acariciaban. Yo no las recuerdo. Si acaso eran sus ojos los que delataban su bondad, su amparo desmedido.
Pero mamá no estaba en la foto.
A un costado distinguí la chimenea encendida. Era la evidencia de su escondida presencia. Sólo ella conseguía encenderla. Sus soplidos eran casi mágicos y el fuego se tornaba de repente bravo, y poco a poco, se tranformaba en brasas rojas. No podía sustraerme de la imagen de esa transformación, el olor de la leña que se quemaba, el rojo intenso y tornasolado de las llamas elevándose y las cenizas que anunciaban el fin de las tertulias nocturnas. Ellas, tan grises, se opacaban anunciando el descanso.
Mamá no estaba.
Y sin embargo yo la imagino en la sala de plancha envuelta entre los vapores de nuestros húmedos y almidonados delantales; entre las camisas con cuellos impecablemente repasados por aquella plancha de carbón; preparando el caldo que calentaba nuestros cuerpos en los crudos días de invierno; remendando calcetines para que aguantaran hasta el próximo sueldo de papá; dejándonos las camas tan bien estiradas para que los pliegues de las sábanas no irritaran nuestra piel.
No, mamá no está en la foto.
Pero hoy en ese papel amarillento y envejecido que cuelga de la pared la he visto. Como la veía entonces. Aunque ya no esté.
Y me he fijado en mi perro Mouki, mezquinando su imagen a la cámara. Tal vez, por que él intuía que los sentimientos profundos sólo se rescatan desde el alma. Allí están guardados. Por siempre.
lunes, 3 de mayo de 2010
FUNCIÓN DE CIRCO

Una invitación para que el alma se sumerja en una terapia contra el tedio en un pequeño mundo ambulante colmado de asombros.
Alguien vestido de rojo, de voluminosa figura con forma de trompo, con naríz prominente y sombrero de fieltro multicolor, nos espera a las puertas de los sueños posibles para deslumbrarnos con la fascinación. Para que nuestras mentes entren en el círculo mágico y lleguen a la epifanía de la creación
¡Atrevámonos a fugarnos por unos instantes de la asfixiante rutina; a cabalgar hacia el infinito en caballos de dorados corceles hasta sentirnos jinetes de otras galaxias; a deslumbrarnos con las titilantes estrellas que desde el cielo llegan y traspasan el vértice de esta carpa fugaz e itinerante; a viajar desde la ingravidez del trapecio a la consecusión de lo imposible!
Artífices de la emoción conseguirán aislarnos de la desazón. Funambulistas que acariciarán utopías en vuelo; magos sacando de sus chisteras palomas de la paz que reparten a destajo, sin destinatarios elegidos; payasos y arlequines de sonrisas blancas que pondrán murallas al hastío; enanos de abrazos largos y equilibristas de desafíos superados. Todos entregados a la tarea de crear ilusiones.
Y cuando la función haya terminado, cuando nuestra imaginación se arrope bajo ese manto oscuro que anuncia la llegada de la noche, el ensueño pleno se entregará al descanso.
Y como cuando eramos niños, acaso mañana despertemos convencidos de que lo mágico existe y que cuesta muy poco acudir con frecuencia a los recursos de la fantasía.
Mientras tanto alejémonos en la medida de lo posible, y si nos lo permiten, de ese otro circo que rodea nuestras vidas y nos devora la esperanza. Ese circo que nos hurta la sonrisa y en donde “fieras hambrientas” abren sus garras tratando de atraparnos ...de adueñarse hasta de nuestros pensamientos.
jueves, 22 de abril de 2010
CREACIÓN

“Aunque queméis el papel, no podréis quemar lo que encierra, porque lo llevo en mi pecho”
Alí ibn Hazm-(994-1063)
Tengo ante mí la hoja en blanco. Esa hoja que inhibe, que anuda el alma desesperada de contar, de encontrar palabras, frases, con las que se van enlazando las historias. La hoja en blanco y yo vacía, con soledad de sensaciones. Con la piel adormecida y los ojos ciegos de imágenes.
¿Acaso han enmudecido las palabras? ¿Esta carencia es carencia de vida? Y si la vida está llena de acciones. Entonces ¿por qué esta mudez si mi corazón sigue palpitando, y sueño, y sonrío, y acaricio? ¡Y amo! . ¿Es esta página sin verbos, quizás, ocaso de mi inspiración?
Tengo ante mí la hoja en blanco. Temida e intrépida hoja que adormece mis historias. Que me mezquina desahogos de amantes, el vuelo de los duendes, anocheceres tibios y lunas curiosas. Que se queda con los pasos de mis días. Que se adueña de las letras y las oprime, las detiene antes de parirlas, negándome el nacimiento de la frase.
viernes, 9 de abril de 2010
SIN METÁFORAS
Tardé mucho más en arrancar de mi cuerpo lo que enraizó ese jamás. En reconciliarme con el verbo que me dejó sin presente, que huyó con mi pasado.
Removía las borras amargas del café buscando que en el fondo del pocillo apareciera la grafía de otro adjetivo, de un “tal vez”, de un “quizás”. Como una adolescente deshojaba pétalos despiertos cubriendo el sendero que iba desde mi sinrazón hasta el corazón de ingenuos interrogantes. Sólo mi gato se esforzaba en gestos solidarios. Acaso él lo intuía. Como intuye el trueno antes que el relámpago lo anuncie. Por su instintivo mecanismo de defensa. Yo no. Yo negaba. Tal vez por que con la negación el duelo se camufla. Y mi esperanza enfermó de vejez prematura, se quedó aterida como una hoja en la escarcha, yerta en la frialdad de la incertidumbre.
Tanta mudez dejó ese dolor en mi vida, que me resistí a buscar un sustantivo que lo nombrara
Acaso pensaba, tonta de mí, que lo innombrable no existe. Eso creía...que no puede ser...que él no...que es imposible. Lo creí hasta que todo dejó de ser una sombra. Hasta que en sus ojos descubrí lo que sus labios callaban. Existía. Tenía nombre.
Tardé demasiado en cerrar la puerta para siempre. En sentirme extrañamente bien.
Beatriz.
sábado, 27 de marzo de 2010
FUGA

Erasmo de Rotterdam
jueves, 18 de marzo de 2010
EL PESO DEL ALMA

Al igual que lo hacen las plumas ella también fue dejando que el aire se adueñara de su liviandad. Medía la ingravidez del amanecer y antes de asomarse al mundo menguaba el espesor de su despertar, deshojándose aún en primavera.
Su mirada, ojal de la desesperación, negaba a sus sentidos hasta el placer de observar las deliciosas naranjas en la naturaleza muerta del cuadro colgado en el salón. Sólo creía en la verdad que sus finas manos palpaban angustiadas; en la equívoca percepción de su geometría .
Levitaba entre las diagonales de una vida en donde se cruzaban la impiedad de sus fantasmas y la miopía de lo irracional.
A solas y engañando a su propia soledad se miraba en el espejo. Desde ese espejo de cristales astillados un maniquí descarnado le hacía guiños de complicidad y su cuerpo huía de las imágenes que le devolvían las esquirlas de la luna rota... despojándose hasta del peso de su alma.
jueves, 11 de marzo de 2010
DESENCANTO

Todo fue distinto desde aquella noche en que algo sombrío comenzó a sobrevolar su Edén. Las imágenes del paisaje se fueron diluyendo, los colores ennegreciendo. Los querubines que la protegían emprendieron raudo vuelo. Pidió consejos a los duendes que resistían el dolor, doctos en conjuros milagrosos, para que esa siniestra sombra que borrraba sutilmente el color de sus días y de su vida desapareciera. Y en sus desvelos, con la tenue luz que aún desprendía la luna, humedecía la vejez de su lecho, las nervaduras quebradas de las hojas de su calendario y su piel marchita de ausencias, con jugos afrodisíacos que espantaban traiciones de almas oscuras.
Desafiando hasta el agotamiento a Érebo, improvisó plegarias, guardó un trébol de cuatro hojas entre las páginas de un libro y rezó sin saber hacerlo a cualquier dios y ante cualquier altar para ahuyentar la opacidad de su paraíso..
Y vestida de negro esperó, por siempre.
domingo, 28 de febrero de 2010
"...Y EL DOLOR DE YA NO SER..."

Aceptamos separarnos. Yo me sentía agotado de acompañarlas y ellas de sostenerme. Sería doloroso el desgarro. Lo sabíamos. Suspiré hondo para no quebrantarme y ellas se tensaron para no decaer.
Por pura nostalgia les pedí que se pusieran las medias de seda negra, caladas, las que ceñían mis muslos, las que los embellecían. Por que los muslos eran míos y tenían caricias grabadas de modulaciones nocturnas que me habían pertenecido. Insistí para convencerlas de que se calzaran, por última vez, los zapatos rojos de tacones de aguja, los más altos y de finas tiras que enlazaban los tobillos y realzaban su estrechez.
-¡Ésos, si ésos que están guardados desde hace años en el fondo del armario!-dije- Los de mi primer baile-.
Estirado en la chaise longue de terciopelo negro, despojado ya de ellas, yo las contemplaba.
Eran aún bellisimas, elegantes, seductoras, lo admitía melancólico.
En la vitrola sonó un tango “y una lágrima asomada yo no pude contener”.
Ellas lo reconocieron, lo habíamos compartido y en el suelo del salón las gambas, solas, sin necesitarme, dibujaron una caminata sincopada. Un giro simple. Y otro con barrida y boleo. Y después un gancho, con quebrada. Y una sentadita. Y el ocho adornado …
Y yo cuerpo, “solitario y ya vencido” en desespero por intentarlo. En vano.
El tango había acabado. Ellas fueron quitándose los zapatos rojos y las medias negras caladas. Y descalzas, desnudas ya de mí, empezaron a alejarse. Lentamente.
Y sentí el desgarro, el del “ dolor de ya no ser” cuando el tiempo se mutila.
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